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“No es aconsejable hacer barbijos artesanales para los hospitales”

Muchos ciudadanos invierten su tiempo de cuarentena fabrincándolos para donarlos voluntariamente a las instituciones de la salud, pero ¿hasta qué punto esta iniciativa es aconsejable?

Estos últimos días, la idea de crear barbijos a mano para donarlos a hospitales o fuerzas de seguridad, se hizo viral. En distintos puntos de la provincia y del país, miles de voluntarios decidieron utilizar su tiempo en casa para fabricarlos.

Sin embargo y pese a las buenas intenciones, para el actual director del Centro Único de Ablaciones e Implantes de Misiones (CUCAIMis) Luis Esquivel, este tipo de iniciativas no en aconsejable.

“Hay mucha gente que está fabricando en grandes cantidades para vender o para donar, pero no es aconsejable que lo hagan”, aseguró a PRIMERA EDICIÓN y agregó que la mayoría “no tiene en cuenta los requisitos mínimos de sanidad tanto en su confección como en su distribución”.

Por querer colaborar con la emergencia sanitaria mundial, muchos se dejaron llevar por los tutoriales online para diseñar barbijos, pero no tuvieron en cuenta los requisitos de higiene básicos.

Y aunque los hospitales reciben muy gratamente las donaciones por falta de insumos, “es importante que el personal médico y los voluntarios trabajen en conjunto para coordinar y controlar la fabricación, envasado y posterior envío de estos productos sanitarios”, recomendó Esquivel.

 

Datos a tener en cuenta: la tela

En primer lugar, la tela. No puede ser de cualquier tipo, ya que “los poros y espacio específico entre costura deben ser de un tamaño específico”.

Una de las más utilizadas es la friselina por ser accesible y económica. Sin embargo es importante saber que este tipo de material es descartable, lo que significa que no puede ser reutilizado aún cuando se lo lave.

Cabe destacar que la OMS desalienta lavar los barbijos, ya que su vida útil es de dos horas. En el caso de haberlo usado en el exterior, se debe guardar en una bolsa de plástico y tirarlo a la basura.

Otro punto a tener en cuenta es que es peligroso reciclar un barbijo ya que se pueden acumular partículas que no se irán con un simple lavado.

Además, es importante destacar que no hay que manosearlo mientras lo usamos y sólo tener contacto con las tiras del mismo al momento de atarlo y desatarlo y, tan pronto como el barbijo se humedezca, hay que cambiarlo por otro que esté limpio y seco.

En relación a las personas que en lugar de barbijos utilizan pañuelos, el doctor desaconsejó este hábito porque “todo depende mucho de la tela, de cómo se lo pongan… piensan que se están protegiendo pero pueden estar acumulando más bacterias sin darse cuenta”.

 

Los colores

El blanco y celeste son los más utilizados porque “la friselina suele comercializarse en esos colores”. Esto se debe a que “al ser claros, se nota más la suciedad. Cuando se ven algunas manchas, su reemplazo debe ser inmediato”, explicó.

Por otro lado, en cuanto a los tamaños, Esquivel dijo que “es importante que ajuste bien el rostro, debe quedarle bien” y, en ese sentido, recordó que actualmente se trabaja con tres medidas estándares siendo la más pequeña de uso exclusivo para los niños.

 

Sensación de seguridad

Aún no hay estudios que demuestren o desalienten el uso de los barbijos en personas sanas.
Hay quienes desalientan su uso si no se presentan síntomas, principalmente para evitar el desabastecimiento de este insumo hospitalario básico para aquellos que realmente lo necesitan por presentar síntomas o por estar en contacto directo con alguien enfermo.

Sin embargo, el director del CUCAIMis recomendó utilizarlos “por las dudas, porque al menos brindan una sensación de seguridad entre tanta incertidumbre”.

 

Mascarillas 3D

En cuanto a la polémica que se armó a raíz de la fabricación de barbijos con impresoras 3D, Esquivel opinó que podrían ser viables porque “el material sintético de las impresoras 3D permite fabricar mascarillas con filtros microporosos, y algunas con válvulas de no reinspiración” aunque sería pertinente que su fabricación esté controlada también por profesionales de la salud.

En esta misma línea, el ministro de Educación Miguel Sedoff aseguró a este medio que “las máscaras que elaboran las escuela técnicas Epet en conjunto con el Ministerio de Salud, fueron aprobadas por el INTI. No es algo que se le ocurrió a cualquiera sino que llevó su tiempo de armado y logística”.

 

Sin desalentar la ayuda

Finalmente, Luis Esquivel explicó que su intención no es “desalentar a la solidaridad que se generó con esta crisis sanitaria, pero es importante entender que el barbijo es un elemento esencial de utilización médica y si no es fabricado o no tiene la autorización de los expertos de la salud, se corre el riesgo de no cumplir con su función de protección. Si los hacemos sin tener los recaudos necesarios, no sirve de nada”, sostuvo.

“En todo caso, si quieren hacer mascarillas para ayudar al abastecimiento interno de los hospitales, sería bueno que formen una red y trabajen en conjunto con el personal médico para cuidar su fabricación desde el momento que compran los materiales”, concluyó.

 

Máscaras de protección más usadas

Actualmente, el mercado ofrece más de 40 modelos de mascarillas protectoras con diversos motivos, colores y materiales, incluso algunas empresas fabrican barbijos personalizados que permiten estampar cualquier logo.

Estos tipos suelen estar hechos con telas elásticas que no requieren de un tamaño específico ya que se adaptan a cualquier tipo de rostro.

Empero, cabe señalar que aunque puedan tener algún grado de protección antibacterias, contaminación o humo, este tipo de máscaras no cumplen con las condiciones necesarias de resguardo contra el Covid-19.

En este sentido, hay dos tipos de barbijos que son los más utilizados y recomendados. Se trata de los quirúrgicos y los llamados N95 o FFP2.

Los primeros son una herramienta de protección en un sólo sentido, ya que retienen las partículas de aire de quien los usa. Es usado para evitar la propagación de gripes y resfríos y, por ser los más accesibles, son de uso popular. El precio varía, aunque pueden comprarse a partir de los 100 pesos.

Los N95, en cambio, protegen en ambos sentidos ya que filtran el 95% de las partículas en suspensión. Además, se adaptan a la forma del rostro de quien los use pero, al ser poco accesibles, sólo son utilizados por el personal de salud.

Según el modelo y la marca, este tipo de barbijo puede conseguirse entre 400 y 3.000 pesos.

Desde la OMS recomiendan ponérselo cuidadosamente de modo que cubra la boca y la nariz y ajustarlo ceñidamente para que no haya huecos entre la cara y la mascarilla.

 

(P.E.)

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