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Un barco a la deriva: el crudo diagnóstico del FMI que el gobierno prefiere disimular

Ya no hay más tiempo. La Argentina parece rumbo a chocar de frente con el peor de los mundos: inflación fuera de control con recesión. Sería una forma bastante pobre de llegar al fin del mandato y, como van mostrando las encuestas, con escasas posibilidades electorales.

La Argentina enfrenta una inflación devastadora”: el diagnóstico descarnado de Kristalina Georgieva se llevó los titulares de los medios argentinos. Pero segundos antes de decir en una entrevista televisiva que el equipo económico del ministro Sergio Massa le causó “muy buena impresión” y que demostró estar “comprometido” con el programa que acordó el país con el FMI, la directora del Fondo, con cara de pena indisimulable, describió a la Argentina como un país a la deriva. Según la economista búlgara, “el único ancla que tiene la Argentina es el FMI, lamentablemente la Argentina no cuenta con otros anclas”.

En el video que circuló, el propio ministerio de Economía traduce “ancla” como “garantía’’. Es una versión piadosa de lo que dijo la jefa del Fondo: la economía argentina está a la deriva, y, si no fuera por el FMI, naufragaría. Gran ironía: al igual que el gobierno de Mauricio Macri, el de Alberto Fernández solo tiene el ancla del FMI para llegar al fin del mandato.

Aunque las circunstancias son opuestas, (Macri tomó la deuda para llegar, y el kirchnerismo ahora tiene que pedirle clemencia al FMI para no hundirse) la realidad es idéntica: el país está a la deriva y sin plan.

El FMI, de salvavidas a caballo de Troya

El ala “occidental” del gobierno entendió mejor que el ala “camporista” que, para llegar a diciembre de 2023, había que acordar con el FMI: la contracara del expresidente Mauricio Macri que entendió que no le quedaba otra que recurrir al Fondo para financiar el déficit fiscal, cuando la falta de plan económico terminó agotando la paciencia de los mercados.

La buena noticia para el gobierno es que el Fondo va a aprobar las cuentas del segundo trimestre y, puntualmente, va a girar los dólares para que la Argentina le pague: un asiento contable que equivale a un perdón hasta la próxima revisión trimestral.

La última encuesta de Zuban Córdoba.
La última encuesta de Zuban Córdoba.

Pero el FMI, al que tuvo que recurrir Macri como salvavidas, se convirtió en un “Caballo de Troya” para el kirchnerismo. O, mejor dicho: para un Presidente que arrancó confesando que a él no le gustan los planes económicos, el “Presente Griego” del FMI se convirtió en “única ancla” para que no naufrague su gobierno.

Otra ironía del destino: un plan económico de estabilización y crecimiento hubiera convertido en intrascendente la dependencia del FMI porque le habría dado al país “anclas” naturales y podría haber abierto los mercados voluntarios de crédito. ¿Quién iba a dudar de la Argentina, si el propio peronismo en el gobierno hacía todas esas reformas que se esperaban de Macri y no se animó a hacer?

El expresidente le había dejado al peronismo casi intacta la bomba que le puso el anterior período kirchnerista. Al gobierno del Frente de Todos, solo se le ocurrió que lo único que hacía falta era culpar a Macri por la “herencia recibida” y, si la economía resultaba un desastre, no sería otra cosa que culpa de Macri: ilusión vana, porque la opinión pública pierde cada vez más rápido la paciencia con los gobiernos.

Un Gobierno desorientado

Para peor, el FMI vio tan desorientado al gobierno argentino para resolver su desafío económico que -pandemia mediante- fue muy condescendiente y no le exigió emprender las reformas sin las cuales el país nunca saldrá de su crisis: eliminar el déficit fiscal, achicar el sobrepeso del estado sobre la economía e impulsar el mercado laboral privado.

¿Fue un acto de generosidad del FMI con el peronismo o más bien un recurso para sacarse el “problema argentino” de encima? Total, perdonar o no cobrar es lo mismo, y a Estados Unidos y Europa no les conviene ver un derrumbe definitivo de la Argentina.

Esa condescendencia del FMI con la Argentina fue festejada en Olivos y parecía ser un gran logro del exministro Martín Guzmán. Desde el gobierno, solo faltaba hacer el gesto maleducado de agarrarse el antebrazo con la mano y exhibir el codo: “no nos exigen reformas económicas, tomá”.

Pero la clemencia del Fondo también fue la condena del gobierno: hoy el equipo de Massa ya no sabe cómo disimular que está haciendo un fuerte ajuste fiscal sin poder ofrecerle a la economía todas esas reformas que le permitirían “levar anclas”.

Ya no hay más tiempo, y la Argentina parece a la deriva rumbo a chocar de frente con el peor de los mundos: inflación fuera de control con recesión. Sería una forma bastante pobre de llegar al fin del mandato y, como van mostrando las encuestas, con escasas posibilidades electorales: a dos meses de haber asumido Massa como ministro de Economía no cambiaron las expectativas de la sociedad.

Yanet Yellden, titular del Tesoro de EE.UU y Sergio Massa, ministro de Economía.
Yanet Yellden, titular del Tesoro de EE.UU y Sergio Massa, ministro de Economía.

El último sondeo de la Universidad de San Andrés muestra un récord histórico para esa muestra: el 90 por ciento de los argentinos está descontento con la marcha del país y sólo un 19 por ciento cree que la situación económica en el futuro mejorará.

El dato interpela también a la oposición

La sociedad ya no cree en la política “tradicional”. La última encuesta de Zuban Córdoba indica que el libertario Javier Milei no para de crecer. Según esa consultora, el economista despeinado ya le está pisando los talones al Frente de Todos con 24,6 por ciento contra menos de 26 por ciento del peronismo. Un puntito de diferencia: un duelo por el segundo puesto que podría dejar al kirchnerismo fuera del balotaje, si el libertario sigue creciendo.

En las próximas semanas, sacudirá el tablero político una suerte de lanzamiento formal de la precandidatura del expresidente Mauricio Macri: la presentación de su segundo libro, que tendría el título de Para Qué. Es un título que suena más original que “Segundo Tiempo”, en alusión a Primer Tiempo, en el que describe sus logros de gobierno y trata de explicar por qué su gestión no fue bien valorada en las elecciones de 2019.

Fuentes del macrismo adelantan que Para Qué, a diferencia de su libro anterior, contendrá un diagnóstico más preciso de la Argentina que el que tuvo cuando le tocó gobernar y aseguran que propondrá un rumbo hacia dónde intentaría llevar al país en un eventual segundo mandato. Lo que no contaría el próximo libro del expresidente -escrito por el exministro de Cultura, Pablo Avelluto, como ghost writer– es cuál sería el plan concreto para sacar al país de la crisis.

"Primer Tiempo", el primer libro de Mauricio Macri.
«Primer Tiempo», el primer libro de Mauricio Macri.Por: Foto: AFP)

El exasesor de Macri, Jaime Durán Barba, sostenía que no hay que explicar planes económicos. Otra superstición del marketing político argentino dice que el expresidente Carlos Menem, que hizo la mayor reforma de la economía argentina en el siglo pasado con la malograda Convertibilidad, creía que “si decía lo que iba a hacer, por ahí no me votaban”.

En Primer Tiempo, Macri confiesa que no propuso un plan de shock de reformas estructurales, “porque no tenía mandato”. ¿No se debería esa falta de mandato a no haber debatido antes el diagnóstico y el plan económico para resolver la crisis?

Pregunta que se debería estar haciendo a esta altura toda la clase política argentina.

Mientras el oficialismo y la oposición de Juntos por el Cambio le huyan a debatir el plan económico que precisa la Argentina para dejar atrás dos décadas de inflación y empobrecimiento, las expectativas de la sociedad seguirán deprimidas, y el “outsider” Milei, que lo único que hace es explicar sus planes económicos, seguirá trepando en las encuestas.

FUENTE TN

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