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Los jueces Francisco Aguirre, Pablo Rivero y Lilia Avendaño condenarán a los tres acusados. | Foto: Luciano Ferreyra
Los jueces Francisco Aguirre, Pablo Rivero y Lilia Avendaño condenarán a los tres acusados. | Foto: Luciano Ferreyra

“Los tres me hicieron de todo, me violaron y me sacaron fotos”

Un resto de la luz del corredor iluminaba apenas la puerta de su habitación, que siempre quedaba abierta. Ya se había sacado el auricular del oído izquierdo, por lo que estaba sumida en absoluto silencio, entregada al sueño que le pesaba en los párpados.
En un instante creyó que soñaba con tres siluetas que atravesaban el umbral de su cuarto, pero bastó un segundo para comprender que no estaba dormida. En la siguiente hora padeció la peor pesadilla de su vida.
Doña M. tiene 69 años, padece un leve retraso madurativo y en la noche del 6 de octubre del 2016 fue víctima de tres delincuentes que irrumpieron en su vivienda para someterla a una tortura incalificable. El hecho se produjo en el kilómetro 9 de la ex ruta Nacional 14, en Oberá.
Los tres la golpearon y violaron, según confirmó en una entrevista exclusiva con El Territorio, donde estuvo contenida por su hermano y su cuñada, con quienes se mudó después de aquella terrible experiencia.
“La casa de ella quedó como dejaron esa noche, todo tirado y revuelto. Lo que pasó fue terrible y no quiso volver más. Todavía tiene mucho miedo, está siempre intranquila. Quiere tener todo el día la puerta cerrada y se sobresalta por cualquier ruido, sobre todo de noche”, lamentaron.
Apenas la calma saber que los sujetos que la ultrajaron están presos, pero la inquieta la posibilidad de volver a verlos, ya que el próximo miércoles se desarrollará el juicio oral.

Los acusados son Rosalino De Melo (50), Jacobo Saúl Bareiro (33) y Yonathan Ezequiel Taborda (27), quienes serán juzgados por “abuso sexual con acceso carnal gravemente ultrajante, doblemente agravado por la participación de más de dos personas y con arma, y robo calificado en concurso real”.

Rociada con alcohol 

Por sus problemas de salud, la víctima nunca tuvo pareja ni hijos. Vivió con sus padres hasta que fallecieron y luego se quedó en la casa paterna, donde sucedieron los hechos que llegarán a juicio, por fin.

Sus manos fuertes y arrugadas son señal inequívoca de una vida ligada a las duras labores de la chacra, aunque la destacan su amabilidad y calidez en el trato.

Aún con el auricular puesto, doña M. tiene dificultades para escuchar y se apoya en su cuñada para charlar sobre la aciaga noche donde los monstruos fueron de carne y hueso.
“Era más o menos las 21.30, ya estaba acostada y como me había sacado el auricular no escuché que rompieron la ventana de la sala. De repente vi que entraron a mi pieza, agarré la linterna y vi que eran tres. Ahí nomás me pegaron acá (se tocó la frente) y me empezaron a golpear por todos lados”, rememoró.
A medida que avanzaba en el relato se acentuaba su angustia, lo que siempre sucede cuando se refiere al caso, reconoció su cuñada.
Desde un primer momento la víctima reconoció a De Melo y a Bareiro, quienes habían trabajado en el aserradero de su hermano. “Cantidad de veces les di hielo”, afirmó.
Pero esa noche los sujetos no tuvieron contemplación alguna. La redujeron a golpes, la ubicaron boca abajo, la ataron a la cabecera y a los pies de la cama y la sometieron sexualmente.
“Los tres mi hicieron de todo. Me violaron y me sacaron fotos”, alcanzó a decir con la voz entrecortada por el llanto.

Mientras tanto la golpeaban y le pedían plata que no tenía. En el extremo del sadismo le derramaron agua helada que sacaron de la heladera; pero no fue lo peor, ya que después la rociaron con alcohol.

Cinco días internada 

Cuando hicieron todo el daño posible, los degenerados se fueron del lugar llevándose un horno eléctrico, una linterna y una licuadora.
La víctima quedó bañada en sangre que emanaba del corte en la frente. En shock, temblorosa y dolorida, logró desatarse las medias finas con que la amarraron, pero tuvo miedo de salir de la casa.
Alrededor de las 23.30, un vecino que llegaba a su casa observó a tres sujetos sospechosos que caminaban llevando los electrodomésticos y llamó a la Policía. Una patrulla motorizada recorría la zona y enseguida dieron con Taborda, quien llevaba el horno eléctrico.
Sus cómplices lograron darse a la fuga, aunque luego fueron capturados y posteriormente identificados por doña M.
Sin ocultar su indignación, su cuñada recordó que la víctima fue brutalmente golpeada, al punto que permaneció cinco días internada en el hospital Samic, donde también recibió el tratamiento específico para víctimas de abuso sexual.
“El médico tenía miedo de que pierda el ojo izquierdo porque era impresionante lo hinchado que estaba. Tenía moretones por todas partes, en la panza era terrible, como si le hubieran dado patadas. Tenía moretones en los pechos porque los delincuentes le apretaron mucho esa zona. Es imperdonable lo que hicieron y tienen que pagar”, remarcó.
Además, recordó un episodio que no hizo más que acentuar el pedido de justicia y condena para los culpables.
“Un día llegó una pareja y preguntaron por M., dijeron que eran conocidos de la iglesia. Yo la llamé y noté que ella no sabía quiénes eran. Ahí les pregunté y me dijeron que era los padres de Bareiro, que venían a pedirle que retire la denuncia porque el hijo tenía dos nenas que criar. Les dije que se retiren, que no tenían vergüenza”, rememoró.

A su lado, su esposo agregó: “Menos mal que yo no estaba en casa… menos mal”.

Inicio del juicio con 5 testigos

Si bien el juicio estaba previsto para el miércoles pasado, a principios de la semana el abogado Roberto Bondar, defensor de uno de los tres imputados, solicitó la recusación de la fiscal Estela Salguero, lo que postergó el debate. De todas formas, los jueces Francisco Aguirre, Lilia Avendaño y José Pablo Rivero consideraron que se trató de un pedido extemporáneo e injustificado, por lo que desestimaron la solicitud del letrado obereño. En consecuencia, reprogramaron la fecha de debate oral para el próximo miércoles, desde las 8.30, ocasión para la que fueron citados cinco testigos.

 

(El Territorio – Por Daniel Villamea)

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