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Nueve años sin Mario Golemba: “Todos saben qué pasó, pero nadie se compromete”

“Sobre nuestra familia solo sobrevuela la injusticia, eso debilitó y mató a mi padre”, cuenta Eliezer, hermano del joven de Dos de Mayo desaparecido el 27 de marzo de 2008.

“Pasaron nueve años y no hay nada, nada tangible que pueda probar qué pasó con Mario”. Eliezer Golemba tiene 23 años y atravesó su adolescencia sufriendo la ausencia física de su hermano, el dolor de su madre Irma y la muerte de su padre, la cabeza de la silenciosa búsqueda.

 
Mario Golemba tenía 27 años y su familia lo vio por última vez el jueves 27 de marzo de 2008 cuando viajó desde su hogar en Picada Indumar en Dos de Mayo hacia Oberá para ser atendido por una nutricionista, entre otros estudios médicos.
 
El destino parece ensañado y no reconoce el esfuerzo de los Golemba: “Mi papá, Antonio, el que más luchó por esclarecer qué sucedió con mi hermano murió (el 24 de abril de 2016) sin saber nada y nos tenemos que conformar que al menos tenemos su tumba para llevarle una flor”, recordó Eliezer en diálogo con PRIMERA EDICIÓN desde Resistencia, Chaco, donde se mudó junto con su madre y demás hermanos.
 
A punto de terminar el Profesorado de Geografía, se convirtió en el referente de la familia para sostener el reclamo de aparición con vida de su hermano: “Seguimos impotentes e indignados porque pasaron nueve años y no tuvimos ni una respuesta sobre Mario sólo sospechas de complicidad de la política con la justicia y la policía para que no haya un solo dato”.
 
Eliezer fue amplio en su crítica: “La falta de investigación no es sólo de la Justicia, también de otros actores sociales como el periodismo, porque parece que todos sabemos qué fue lo que pasó con mi hermano pero nadie se atreve a decirlo. Sólo nos llaman para hacer notas sobre cómo está la familia, obviamente estamos mal, y ahora sin mi papá mucho peor”. 
 
“Todo el tiempo se supo que las fuerzas policiales estaban bajo sospecha (…) Hay que ir a golpear puertas en Casa de Gobierno o en la Jefatura de Policía y preguntar ahí qué le sucedió a Mario”.
 
“Durante los tres primeros años de la desaparición todas las semanas avisaban que apareció un cuerpo. Mi hermana tuvo que aplazar su vida por acompañar a papá a ver cadáveres quemados, huesos enterrados, pero nunca una señal precisa que conduzca a Mario”.
 
A menos de un mes de cumplirse el primer aniversario del fallecimiento de Antonio por una trombosis, Eliezer resaltó: “Hace nueve años sobre nuestra familia sobrevuela la injusticia. Y esto lo fue debilitando a mi padre y lo terminó matando. Mi papá era nostálgico, su salud fue decayendo. Iba a trabajar y volvía con la pesadumbre de no saber nada de Mario, su ausencia le fue insoportable”.
 
Eliezer se muestra fuerte, directo y no reprime su bronca: “A mi familia hasta le entraron a robar -en estos nueve años- muchas veces a la casa de Dos de Mayo. Fueron tantas las ocasiones que parecieron hechas para intimidar a mi padre, la sensación fue de persecución. Lo mismo con las versiones y rumores que decían que a Mario lo habían visto en lados diferentes y muy lejos uno de otro”.
 
Pero el joven también se resguarda: “Así como están las cosas, si digo algo más tengo miedo de perjudicar a mi familia. Se sabe qué pasó con Mario, pero comprobarlo pareciera imposible. Todo fue sugestivo. A mi papá se le acercaban y le instaban: ‘Antonio andá y denunciá lo que le pasó a tu hijo, hay personas que lo vieron y quienes fueron los que lo agarraron’. Pero cuando les pedía que lo acompañaran para aportar lo que sabían  le respondían: ‘¡Ah no!, yo no puedo meterme, tengo miedo’. Es así, el poder real atemoriza”.
 
También recordó que “cuando surgió la recompensa de cien mil pesos por información que permita encontrar a Mario, lo que apareció en realidad fue gente muy jodida, hasta policías que se decían retirados y ofrecían investigar, y después nos enterábamos que fueron ascendidos y ya no le miraban a la cara a mi papá”.
 
“En una oportunidad (Maurice) Closs, cuando aún era gobernador, fue a inaugurar casas a Dos de Mayo y Antonio se le acercó a pedirle más ayuda. Le respondió ‘no te preocupes, mis investigadores privados ya se están haciendo cargo del asunto’, y no pasó nada, lo ninguneó. También le llevó una carta a Aníbal Fernández cuando era ministro y viajó a Puerto Iguazú por una conferencia de derechos humanos. Fernández le dio hasta su número de teléfono y después nunca lo atendió (…) Algo similar ocurrió con el ahora ministro del Agro de la provincia, José Luis Garay. Fue intendente de Dos de Mayo y ni siquiera fue a casa una sola vez”. 
 
“Durante las excavaciones en Dos de Mayo buscando los restos de Mario jefes policiales le dijeron a mi padre: ‘Don Antonio su hijo no está acá, se fue por sus propios medios’. Cómo le pueden decir eso a un padre que busca desesperado los huesos de su hijo. No tenían ni una hipótesis siquiera y eran ellos los que debían encontrarlo”.
 
“Hoy sólo pensamos con mis dos hermanos en no exponerla más a mamá, ya sufrió demasiado y no queremos verla en marchas, que no quede al alcance de la burla de la gente que sabe lo que pasó con su hijo y no dice nada”. “A mi padre siempre lo usaron, no lo podían tildar de golpista o desestabilizador. Pero él sabía bien que, si el Gobierno no hubiera sido cómplice o hubiera actuado de otra manera, esto se habría resuelto (…) Si Mario en lugar de ser hijo de colonos, fuera un hijo de empresarios, ahí al instante aparecerían los culpables o inventarían un chivo expiatorio”.
 
“Pero sólo son suposiciones. Si hoy todavía no pueden probar, o explicar, cómo murió un fiscal federal de la Nación, que vivía custodiado como (Alberto) Nisman, qué podemos esperar de la búsqueda de Mario Golemba”.
(P.E.)

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