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Stefy Vier, a dos años del trasplante: “Agradezco todas las experiencias vividas”

El próximo 6 de mayo se cumplen dos años del trasplante de corazón que cambió la vida de la joven misionera. “Es una semana de muchas emociones”, aseguró en una charla exclusiva con PRIMERA EDICIÓN.

 

Eran las 19:30 del martes 5 de mayo de 2015 en la Fundación Favaloro cuando Stefania Vier escuchó las palabras que cambiarían su vida: “Hay un operativo para vos y un corazón te está esperando”. 101 días esperó oír esas palabras. Horas después, trasplante y operación mediante, ese corazón latía fuerte dentro de su pecho. Era 6 de mayo.

Hoy, a casi dos años de ese día que la cambió para siempre, Stefy habló con PRIMERA EDICIÓN sobre su vida actual, sus proyectos a futuro y su interminable amor por la vida.

Hoy, esta joven de 23 años oriunda de la localidad de Montecarlo, recuerda cada minuto de esas horas y se emociona. Su mirada se llena de lágrimas pero no son de tristeza, son de felicidad. 
 
“No es una semana fácil”, dice para darle un contexto a sus ojos emocionados. “Son sentimientos encontrados. Pasan por la mente recuerdos del día cuando vinieron mis médicos y me dijeron la frase que cambió mi vida para siempre. Desde ese entonces, Stefy cambió mucho”.
 
Esos días de mayo no fueron los primeros en que aparecía la posibilidad de un donante. El 21 de marzo de 2015 le habían avisado de otro donante y Stefy se ilusionó, por algo que después no pudo ser. Entonces, ese 5 de mayo se lo tomó más “light”. “En aquella oportunidad las emociones me jugaron en contra. Entonces en este nuevo operativo busqué tranquilizarme y lo disfruté mucho más que el primero que viví con ansias”.
 
Después de la larga operación, comenzó un período de recuperación que también fue largo, pero donde Stefy y su corazón comenzaron a entenderse a la perfección. “Me costó mucho después del trasplante pero  el corazón siempre se adaptó al cuerpo”, asegura. Era el cuerpo el que estaba teniendo algunos problemas de adaptación a ese corazón, al que veía como un cuerpo extraño. “Estuve con muchos tratamientos hasta que el 17 de junio me dieron el alta”. 
 
Sin embargo no volvió a Misiones hasta septiembre porque era necesario continuar con estudios que aseguren el perfecto entendimiento entre el corazón y su cuerpo. Todo salió bien. “Primero las biopsias eran cada tres meses, cuando se cumplió un año de la operación debía hacérmelas cada seis meses. En noviembre me hice la último y vuelvo  a control ahora en mayo, el 16”. 
 
Las biopsias salen todas bien como también un cateterismo que le realizan para ver cómo están las arterias coronarias. “El año pasado todo dio perfecto, pero si hay algo que tengo que rescatar es el poder mental. Hay que ser positivo. Yo tenía dos caminos para seguir:?o me moría de depresión o salía adelante. Le puse ganas y mi cuerpo, que es una pieza fundamental, también”. 
 
Tras el primer aniversario de su trasplante, se contactó con Stefy una tía del donante con la que habla, via Facebook, casi de manera cotidiana. No se conocen personalmente, pero algo fuerte las une.
 
Dos años después
“Cambió Stefania por completo. Cambió para bien, las experiencias la hicieron más fuerte, tuvo mucha maduración en poco tiempo pero no hay nada que se compare con la valorización y el amor que tengo por la vida, el amor por mi mamá y mi familia, por mis amigos. Estuve cuatro meses en cama, entonces hoy bañarme parada en una ducha es increíble, como tener contacto con el aire libre”, dice Stefy acerca de su vida hoy. Este 2017 es un año bisagra: decidió retomar su vida por completo, dejó a Montecarlo, “mi guarida”, y se vino a Posadas buscando nuevos destinos. “Quería volver a vivir sola, independizarme”. 
 
Consiguió trabajo en la Multilateral de Políticas Sociales, dependiente de la Vicegobernación. Allí, le da rienda suelta a su misión en la vida de “tocar corazones y abrir cabezas, decir que sí se puede independientemente de una donación de órganos. En la Multilateral estoy a disposición, aprendiendo mucho”. 
 
Tan decidida vino que se anotó en la carrera de Comunicación Social de la Facultad de Humanidades de la Unam, pero “el cuerpo me dijo vamos a parar un poquito, viví la vida y hace lo que te gusta cómo lo estás haciendo pero más tranquila”, por lo que decidió posponer la facultad hasta nuevo aviso. 
 
Con 23 años tiempo para estudiar hay. Y mucho. ¿Limitaciones médicas? Ninguna. “No tengo ningún tipo de prohibiciones. Me conozco mucho y sé hasta donde puedo y donde no”. 
 
Este sábado 6 de mayo celebrará en Montecarlo “mi segundo nacimiento. En dos años aprendí muchísimo, soy consciente de muchas cosas que antes no era y sinceramente, con una mano en el corazón, agradezco cada cosa que me ha pasado y cada experiencia vivida, porque hoy no sería quien soy sin este tsunami que pasó por mi vida”. 
(P.E. Fotos: M.Colman)

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