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Madre acusada de arrojar a su bebé a la basura va a juicio oral y público

La recién nacida fue salvada por la dueña de la pensión donde vivía la progenitora, quien enfrenta una condena que va de cuatro a trece años. El debate se realizaría en 2018. El hecho ocurrió en noviembre de 2015 y la causa arribó en las últimas horas al Tribunal Penal 1.             

CON SU PAPÁ. Valentina (hace ocho meses) junto a su papá, Gastón, que tiene la custodia definitiva de la pequeña.

Dos años después de haber dado a luz a su hija, ponerla en una bolsa y tirarla a la basura en las inmediaciones de Santa Cruz y Las Heras, Rocío deberá responder en juicio oral y público ante el Tribunal Penal 1 de Posadas por el delito de “abandono de persona agravado por el vínculo”. 

 
Por ser un ilícito excarcelable, esta joven madre no será detenida mientras dure el juicio. No obstante, continúa vigente la prohibición de acercamiento a la menor. Y en caso de ser hallada culpable, podría recibir una pena que va de 4 a 13 años de prisión.
 
El caso de la beba recién nacida hallada en una bolsa de basura conmocionó a los misioneros. Ocurrió los últimos días de noviembre de 2015. Rocío tuvo a su hija sola en la pieza de una pensión donde vivía. 
 
Según los testimonios de la dueña de la pensión, la señora Graciela, cuya inquietud permitió salvar a la recién nacida de un trágico final, la joven madre ocultó su embarazo hasta el final.
 
Graciela, una especie de tía del corazón de la joven, se enteró que esperaba un hijo a través del padre de la criatura, Gastón Dujaut, quien también supo casi por casualidad cuando cursaba el quinto mes de embarazo (la pareja duró muy pocos días) y se acercó a la pensión para saber como estaba la joven. 
  
Aquel 18 de noviembre Graciela le preguntó a su sobrina sobre el embarazo y ella le contestó que estuvo en el hospital y que lo había perdido y le pidió que preparara un tereré. Minutos después, Graciela con uno de sus hijos revisaron la habitación y encontraron un charco de sangre debajo de la cama. 
 
En medio de esa situación desesperante, recordó que la joven había sacado la basura, cuando nunca antes había hecho eso. Y ahí comenzó una búsqueda desesperada. 
 
Allí en la calle, dentro de un tacho, debajo de restos de bandejas de comida rápida, con 29 grados de temperatura ambiente, casi sofocada, envuelta entre sábanas y una campera estaba la bebé. 
 
Cuando los gatos empezaron a romper la bolsa en busca de comida, llegó Graciela, la tía del corazón que a los gritos, alertó a los vecinos que también la estaban buscando entre los desperdicios del barrio. 
 
La beba fue trasladada de inmediato al hospital Materno Neonatal. Graciela estuvo cerca de ella todo el tiempo y en esos momentos difíciles la nombró “Luz Milagro”.
 
Admitió haberla tirado
Horas antes y hecha la denuncia policial, los oficiales habían ubicado a la madre, Rocío, y le preguntaron por su hija. Les respondió que estaba con el papá. 
 
Le preguntaron dónde trabajaba y ella dijo que era taxista, pero no le gustaba que lo molestaran. Insistieron y la llevaron hasta el lugar de trabajo pero hasta allí llegó la mentira. Les confesó que había tirado a su hija. 
 
El padre de la beba se enteró por los medios de comunicación de la criatura desechada en la basura pero no imaginó que se trataba de su propia hija hasta dos días después. Cuando lo supo, según contó Gastón en una entrevista realizada en abril de este año, corrió urgente al hospital pero no le dejaron verla. 
 
Aunque detrás de las paredes, no se separó de su hijita. No quería ni siquiera cruzar palabra con la madre, a quien la ingresaron en internación, oportunidad en que a “Luz Milagro” la anotó como Valentina Aitana.
 
Desde ese momento comenzó la lucha por la tenencia. Mientras la familia de Gastón pugnaba para que se la den a ellos, una tía de Rocío, buscaba que la Justicia se la cediera a ella. Recién una semana después que Valentina ingresó a Neo, Gastón pudo conocerla de cerca. “Sentí una emoción muy grande. Ella ya estaba muy bien, no lo podía creer”.
 
El papá destacó la labor del personal de la Defensoría del Niño, porque el informe que hicieron una vez que llegó al juzgado fue muy importante para que las cosas se dieran a su favor.
 
Recordó las trabas que pusieron los familiares de la madre para que él no pudiera llevar a su pequeña cuando le dieron de alta. “Nadie se preocupó por preguntar cómo estaba Valentina, ni siquiera la mamá, de quien no supe más nada desde el día que salió del hospital”, aseguró. 
 
“La única persona que siempre nos dio una mano fue la ‘tía’ Graciela, la mujer que salvó a mi hija y que hasta ahora se preocupa por su bienestar”, contó.
 
Con su familia paterna  
En la actualidad, Valentina vive con su papá, sus abuelos paternos y tíos. 
 
“Le dice mamá a su abuela”, confió Gastón. Todavía es muy chica para preguntar por su madre biológica pero, cuando llegue el momento, “le voy a contar la verdad, no quiero que se entere por otros”. Valentina es muy pícara, le gusta hacer todo sola y ama bailar.
 
“A veces nos sorprende, porque se despierta en la madrugada, deja la cama de la abuela, se va al living, prende el equipo de música y se pone a bailar como le enseñó la tía”, contó su papá.
 
Respecto a la familia materna de su hija, comentó que los abuelos y las tías maternas se acercaron en los primeros tiempos a verla, pero después se distanciaron. 
 
“Siempre tuve las puertas de mi casa abiertas, nunca les negué la posibilidad de que la vieran. Pero la verdad es que prefiero esta distancia”, admitió en su momento.
(P.E.)

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