Algunos resisten a la espera de tiempos mejores
En Candelaria, son cerca de 50 las familias que viven de la fabricación de ladrillos con tracción a sangre, es decir, que utilizan caballos para la confección de las piezas. Es una población de pocos recursos que trabaja desde hace años en la actividad. Pero en la actualidad, varios abandonaron el rubro por las escasas ventas y comentan que no tienen asistencia alguna.
El caliente sol del mediodía de ayer no impedía que Ramón Oviedo inspeccione el secado de los ladrillos recién fabricados. En su olería recibió a El Territorio y comentó que desde hace 40 años vive de esta actividad que como la gran mayoría de sus compañeros tiene asiento en el barrio 2 de Febrero.
“Pasamos momentos difíciles, pero como este no recuerdo, cada mes la venta cae más y más, porque la construcción está prácticamente parada”, comenzó su relato.
“Hace unos años sacaba 10.000 ladrillos por mes y vendía todo, ahora con suerte vendo 3.000 al mes, salvo cuando me compra la ferretería. Es una situación muy complicada, muchos son los compañeros que pararon porque no pueden comprar la materia prima para la fabricación, que es la tierra ñaú”, explicó.
“Hay familias que tienen niños pequeños y que no la pasan nada bien, ojalá que todo cambie y mejore el tema económico”, anheló.
“Antes de esta crisis tenía seis personas trabajando conmigo, hoy no puedo tener a nadie, porque no tengo para pagarles. Me ayudan por el momento mis hijos, pero ellos también tienen que hacer sus trabajos”, sostuvo.
Oscar Medina, en tanto, lleva diez años como ladrillero y sus conceptos fueron similares a los de Oviedo.
“Hay oleros que dejaron las tareas y sus lugares están abandonados”, contó el hombre.
“Es muy triste la situación y como sabemos que no podemos pagar ayudantes, colaboramos entre todos cuando a un compañero se le quema un horno o le pasa algo”, sostuvo sobre las situaciones de solidaridad que son moneda corriente.
Por su parte, Alejandro Ramos, presidente de una de las dos asociaciones de oleros de Candelaria, comentó al respecto de la situación de los socios: “Estamos a la expectativa porque no hay venta y muchos compañeros dejaron la olería”.
“Si tengo que hablar de porcentajes, a comparación de años anteriores cayó en un 80 por ciento la venta en nuestro rubro y eso es preocupante”, cerró.
(El Territorio)
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