‘Cada casa es un mundo’. Esta es una frase muy recurrente al momento de intentar explicar que cada hogar se rige bajo distintos parámetros y normas.
Ello también se evidencia al momento de comprender que cada familia, como núcleo económico, se administra en base a ciertos patrones y criterios propios.
Sin embargo, en las últimas semanas, el mundo entero fue sacudido por un factor común: el Covid-19. El coronavirus cambió las reglas del juego y, por ende, las formas de organización, administración y gestión de las economías domésticas.
El Territorio indagó respecto a cómo se organizan los grupos familiares en el marco del aislamiento social, preventivo y obligatorio. Y, a pesar de que cada familia se administra de forma distinta acorde a los ingresos, tiempos e integrantes que tiene, un punto en común atraviesa a cada grupo: los hábitos de consumo se han ido modificando.
Así, algunos realizan compras mensuales de alimentos no perecederos, carnes y lácteos en supermercados y mayoristas. Otros, se abastecen semanalmente en mercados y autoservicios de la zona. Y otros tantos viven el día a día, comprando al por menor en almacenes del barrio.
“En casa varió desde la organización hasta la manera de hacer las compras. Trato de no salir y respetar la cuarentena. Pero cada vez que sea necesario, soy la única en mi familia que hace las compras”, destacó María Inés, quien reside junto a sus tres hijos en un barrio de Garupá.
“En mi caso, nos organizamos por quincena”, continuó la docente que decidió hacer sus compras al por mayor y en un comercio del barrio.
“Los alimentos no perecederos los guardo en la alacena, la carne la fracciono y guardo en el freezer y lo mismo hago con los lácteos”, señaló.
Asimismo, en cuanto a frutas y verduras, las consigue una vez por semana vía delivery, por un vecino de la zona que realiza envíos a domicilio.
“Este mes gasté un poco más de lo que siempre gasto. Pero me aseguré de que no faltara nada en casa para no tener que salir justamente a hacer las compras y exponer a mí, a mi familia o mis vecinos”, reconoció Inés, consciente de la importancia de tener responsabilidad colectiva.
A su testimonio se suma Liliana Banachok, quien destacó que, en su casa, la situación de aislamiento modificó a grandes rasgos la economía del hogar.
“Siempre vivimos el día a día, en casa somos tres. Pero ahora, para respetar la cuarentena y no salir tanto, tratamos de comprar en cantidades. Esto, considerando mis ingresos”, precisó, y agregó que al no tener medio de transporte propio, le resulta más conveniente realizar las compras en autoservicios cercanos a su domicilio.
“Los alimentos que no vencen pronto, los compro por cantidad (harina, azúcar, yerba, fideo, arroz). De esa manera, no hay que preocuparse por reponerlos tan pronto. Pero otros productos como leche, carne, panificados y verduras los seguimos comprando día a día”, señaló, destacando además que a su canasta básica agregó alcohol en gel y más productos desinfectantes y de limpieza.
En coincidencia, Dahiana Labaroni reconoció que también organiza sus compras por semana: “tratamos de ir una vez por semana al supermercado. En casa somos sólo tres y nos arreglamos de esa forma”.
“Nosotros nos surtimos una sola vez por semana y a un solo lugar. De esa manera, evitamos las salidas innecesarias”, coincidió Daiana D’Agostini.
Algunas familias, acostumbradas a realizar compras para todo el mes, destacaron que esos hábitos no se han modificado.
Sin embargo, al no movilizarse tanto, en automóvil o colectivo, han logrado ahorrar ese dinero e invertirlo en más productos de la canasta. Tal es el caso de Luisa Gasc.
“El auto lo usamos sólo para hacer las compras necesarias ya que, como estamos en aislamiento, los chicos no van a la escuela ni yo asisto a mi trabajo. Eso me ayudó a ahorrar un poco esta quincena y utilizar ese dinero en productos como el alcohol en gel, desinfectantes y algunos alimentos que no los compraba siempre”, detalló.
“Las compras las hacemos todos los meses al por mayor, porque mi familia es numerosa. Eso no ha cambiado, pero sí pude incorporar otros productos a mi canasta al ahorrarme los gastos de nafta y pasajes”, continuó.
Por otra parte, hay quienes sobrellevan el aislamiento obligatorio viviendo el día a día. Tal es el caso de las familias de Alicia Petterson y Daniela Patiño.
“Tengo 62 años y vivo con mis hijas y mis cuatro nietos. Somos tres familias cohabitando en un mismo hogar. Y, de todos, mi hija mayor es la que se encarga de hacer las compras”, destacó Alicia.
“No nos unimos a esa idea de acumular mercadería en las alacenas porque en realidad el contexto y la situación económica tampoco nos permite comprar en cantidades. Adquirimos lo necesario en el autorservicio del barrio, a pesar del aumento de precios”, agregó haciendo alusión a que notó, en los últimos días, un ligero incremento en los costos.
“Nosotros compramos a diario lo que necesitamos. En casa somos muchos y, con mi marido, nos arreglamos como podemos. Tratamos de hacer compras semanales en supermercados porque en el barrio los productos son más costosos. Pero no siempre se puede”, relató por su parte Daniela, quien no sólo hace las compras en su casa sino que también colabora con su madre, para evitar que se exponga, ya que está dentro de la población considerada ‘de riesgo’.
Por consiguiente, a pesar de que los hábitos de consumo, los precios y las formas de organización difieren en cada familia, todos aúnan posturas respecto a la necesidad de administrar la economía familiar practicando la responsabilidad colectiva y el cuidado mutuo.
(El Territorio – Por Belén Spaciuk y Emmanuel López Del Valle )
Radio La Cueva Am 1580 – 25 de mayo Misiones