Desde que se inició la pandemia se potenció el trabajo con alimentos
En San Pedro relevaron una constante demanda de insumos para sembrar hortalizas este año. El programa Prohuerta está teniendo un récord de postulantes
El cultivo de verduras en la zona rural es común y ahora, una tendencia que ya venía en alza se acentuó con más fuerza en el conurbano de San Pedro. Así sea en macetas, pequeños canteros o huertas, las familias quieren incorporar plantaciones de hortalizas en sus viviendas. En algunos casos impulsados por algún proyecto escolar o simplemente por disponer de un alimento sano y ahorrar unos pesos evitando comprarlos de forma permanente en las verdulerías.
El aumento es notable de acuerdo a la alta demanda en semillas registrado en la extensión del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta). Se consideró que, para esta temporada primavera-verano, la distribución de los kits de semilla, que llegan mediante el programa Prohuerta superaría los cuatro mil solicitantes.
La cantidad de postulantes es impresionante y seguramente está relacionado con un efecto de la pandemia, que motivó a más personas a realizar trabajos hogareños. Y en el caso de las huertas además permiten una salida laboral. Así son numerosos los ejemplos de personas que incorporaron plantas de cebollita de verdeo, lechuga, perejil y de ahí a plantas que requieren mayores cuidados.
De estas cuatro mil personas que requieren semillas, la mayoría trabajan con la huerta hace muchos años, no obstante es notorio el número de personas que diariamente se acerca por el Inta en busca de semillas, ya que el costo de estas es alto y muchas veces resulta que no germinan. La mayoría de estos vecinos residen en los barrios algo retirados del casco céntrico, en algunos casos disponen de un terreno amplio donde construir una huerta y otros adoptan sistemas en macetas.
Lo que más se cultiva son las verduras de uso diario, utilizadas como condimentos en las comidas y las de hoja destinadas a ensaladas; en algunos casos la huerta es mucho más diversificada donde además de las verduras plantan flores e hierbas medicinales, las que no solo embellecen el espacio o sirven como remedio, sino que repelen a los insectos.
Uno de los casos en los que casi todo el terreno está cubierto por cultivos, se encuentra en barrio Cristo Resucitado.
En este caso Teresa Fraitag (39), quien hace mucho tiempo no concurre a una verdulería porque diversificó su terreno con el cultivo de hortalizas y frutas. “Yo casi no compro verduras, sólo algunas frutas, siempre tengo verduras, además tomate, pepino, zapallo, zanahoria y el excedente hacemos pickles o regalamos a los vecinos. Acá yo estoy a cargo de entregar la semilla a los vecinos, hay muchísimo interés, casi no damos abasto. Es un trabajo muy lindo y cuando te das cuenta que ayuda a la economía del hogar, que comemos sano, parece que eso motiva aún más”, indicó Teresa.
A estos meses, quienes se dedican a las hortalizas se encuentran en la última etapa de siembra encontrándose con la dificultad de la escasez de agua y perjudica el desarrollo de las verduras. En este punto resulta importante contar con asistencia técnica de cómo preparar el suelo, en que orientación plantar las plantas a fin de que la tierra se mantenga húmeda por más tiempo y sistemas de riegos económicos.
Así también las familias solicitan capacitaciones para cultivar en pequeños espacios utilizando elementos reciclados como los neumáticos “Sobre todo en los barrios periféricos, nos piden asistencia técnica, orientación para realizar huertas verticales, herramientas y también árboles frutales. La demanda es inmensa en la zona urbana, las familias se abocaron a hacer huertas para economizar”, señaló Gladis Cedrun, técnica del Inta.
Uno de los inconvenientes con los que se encuentran quienes deciden incursionar en este ámbito, es lograr la germinación de las semillas.
En el caso del Inta las semillas son proporcionadas por Fecoagro y suelen germinar al ciento por ciento; ahora las fallas en el nacimiento ocurren cuando son adquiridas en algún comercio y por desconocimiento de los propietarios no les dan el cuidado que deben tener al momento de abrir las latas, siendo el mayor factor perjudicial la humedad y el viento, por lo que siempre se recomienda a las productores prestar atención a como están siendo conservadas en los lugares donde las venden.
Altos precios incentivaron a sembrar más y variar cultivos
En este tiempo de pandemia, las ferias francas de Montecarlo son unas de las más elegidas por precios y capacidad de la producción. Y en el último tiempo se ha visto un notable incremento de compradores que desde temprano se acercan para poder conseguir la fruta o verdura que buscan.
Algunos de los productores además de estar en la feria venden a verdulerías o comercios algo de producción para poder sostenerse económicamente. También este año apuntaron a variar la producción y aumentar la siembra.
“Por ejemplo el tomate ya sea el platense o peritas vendemos a 100 pesos el kilo, para que la gente pueda acceder a un precio módico diferente por ahí que un comercio”, explicó Alfredo Kraus, uno de los productores.
Por otra parte contó: “Aumentamos la producción de tomates, morrones y nos largamos a producir algo de pepino y zapallitos tronco que por ahí no se consigue mucho en el mercado así que vamos a ver cómo resulta según el clima, las faltas de lluvia”.
Si bien el productor aumentó su producción se le hace complicada la inversión para construir nuevos invernaderos; el propio tiene daños por distintos temporales y todavía no pudo reparar; a esto se suma que los precios de los elementos que necesita tienen costos altos o están dolarizados.
(El Territorio)
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