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Crimen de la niña misionera en España: trasladaron al autor confeso por temor a que lo maten en la cárcel

Iván Pardo Pena (34) recibió amenazas en prisión por matar a su sobrina política tras una larga sesión de torturas. Creen que el juicio podría desarrollarse a finales de 2019.

 
 

La Justicia española resolvió trasladar de cárcel por tercera vez en lo que va del proceso a Iván Pardo Pena (34), acusado de matar a la niña misionera Naiara (8), su sobrina política, tras una horrorosa sesión de torturas basadas en que la pequeña se negaba a estudiar.


Así lo publicaron diversos medios españoles en las últimas horas, quienes indicaron que el “tiastro” fue transportado al complejo penitenciario de Dueñas, a 432 kilómetros de Sabiñánigo, en el norte de España, donde se cometió el crimen.
 
El traslado desde el centro penitenciario de Álava al de Dueñas se llevó a cabo el pasado 23 de junio, según consta en la comunicación por escrito remitida por el director de esta última prisión a la titular del Juzgado de Instrucción 1 de Jaca, encargada de la investigación.
 
El escrito señala que el motivo del traslado está vinculado al cumplimiento del artículo 75 del Reglamento Penitenciario, que permite, a solicitud del interno o del propio director de una cárcel, adoptar medidas “cuando fuere preciso para salvaguardar la vida o la integridad física del recluso”.
 
La citada normativa establece que mediante una resolución motivada se propondrá a la dirección de un centro el traslado del recluso a otro establecimiento similar, a fin de posibilitar el levantamiento de las limitaciones impuestas al régimen de vida ordinario de un recluso, y por tanto, garantizar su protección.
 
Fuentes judiciales destacaron a la agencia Efe que ese artículo se utiliza para resolver situaciones que afectan a la seguridad y al “buen orden” del día a día de un centro penitenciario, y que requieren de “soluciones inmediatas”.
 
Las fuentes añadieron que entre los reclusos existe un “código carcelario tácito” que hace susceptibles de ser agredidos a los convictos por delitos de violación o agresión a menores, así como de los considerados “chivatos” o que acumulan deudas por drogas en el interior de una cárcel.
 
El periplo de Pardo Pena por varias cárceles tiene su origen en la consideración por parte de la población reclusa de la gravedad de la conducta que se le imputa, el asesinato de su sobrina política, de 8 años de edad, tras someterla a una larga sesión de torturas.
 
Mientras tanto, la jueza encargada del caso continúa a la espera de practicar otras pruebas para cerrar la instrucción y someter a juicio al procesado, así como a la abuelastra y al padrastro de Naiara, cuya imputación solicitó el pasado mes de mayo el fiscal por presuntos delitos de violencia psíquica y física habitual y contra la integridad moral y torturas. Las fuentes indicaron que, de no mediar inconvenientes, el debate oral se desarrollaría durante la primavera 2019.
 
En ese escrito, el Ministerio Público solicitó además la transformación de las diligencias previas de investigación en un procedimiento para un jurado popular, al ser competencia de éste el enjuiciamiento de los delitos de homicidio y asesinato.
 
La magistrada, que aún prevé volver a llamar a declarar a la abuelastra y al padrastro de Naiara, no se pronunció todavía en relación a esa petición del fiscal.
 
La petición de imputación de la abuelastra, que en su primera comparecencia rechazó hablar y se limitó a decir que lo haría “más adelante”, se deriva de un informe del Laboratorio de Criminalística de la Guardia Civil que detectó rastros genéticos de esa mujer en una camiseta de la niña y en una toalla localizadas en el escenario de los hechos.
 
Tras el crimen, ocurrido hace un año, la abuelastra perdió la tutela de dos nietas menores de edad que vivían con ella y el presunto asesino y que, supuestamente, fueron obligadas a participar en las torturas sufridas por la niña.
 
Esas dos niñas, entrevistadas posteriormente por dos psicólogas del Instituto de Medicina Legal de Aragón (IMLA), llevaron a las especialistas a concluir que el estilo parental de la abuela tendió de forma continua y habitual al autoritarismo con sus hijos y sus nietas.
 
El drama para Naiara -nacida en Posadas y quien viajó junto a su madre, Mariela Benítez, oriunda de Candelaria, a vivir a España por cuestiones laborales- se inició el jueves 6 de julio de 2017 por la noche. Según el expediente, Pardo entró en la cocina donde estaba Naiara para comprobar si había copiado veinte hojas de la lección que le habían dado el día anterior, obligándola a estar toda la noche de rodillas con piedras debajo, y cuando la pequeña le dijo que no, le empezó a propinar golpes y a aplicarle descargas con una raqueta eléctrica. 
 
Tras desmayarse por las brutales agresiones, la metió en la bañera, pero la niña no dejó de sangrar, por lo que mandó a sus dos sobrinas que la limpiaran y recogieran todos los restos de las torturas, que fueron hallados en la basura por la Guardia Civil.
 
El informe de los forenses reveló múltiples hematomas y un traumatismo craneoencefálico que fue el desencadenante de la muerte, después de 30 horas de agonía en el hospital Miguel Servet de Zaragoza.
(P.E.)

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