«Ya estoy cansada, quiero caminar como cualquier chico”, es el ruego y el deseo de Milagros, una niña de 9 años, oriunda de Moreno, a la que por una malformación se le amputó una de sus piernas apenas nació.

 En consecuencia, la niña requiere de una prótesis para desplazarse con normalidad. Sin embargo, desde el Programa Federal de Salud (Profe) no se la suministraron, a pesar de los constantes pedidos de su madre, quien recibe como respuesta omisiones y hasta incluso, como negativa, “me dijeron que no moleste más”.

Mientras tanto, su hija se moviliza a los saltos, con una sola pierna, lo cual profundiza el riesgo de perder la capacidad de desplazamiento de dicha extremidad.

“Hace seis meses que vengo pidiendo la prótesis para Milagros, pero sólo me dicen que siga haciendo el reclamo, me pasan números de teléfono pero no me atienden y si tengo la suerte que lo hagan, me dicen que no moleste”, relató a “Crónica” su mamá, María Rosa Albornoz.

La pequeña de 9 años nació con una malformación de tibia y peroné, razón por la que las autoridades médicas no tuvieron otra opción que amputarle la pierna derecha. Es por ello que para desarrollar sus actividades, “Mili” utiliza un andador en el que se apoya para saltar con su pierna izquierda y así dirigirse por los rincones de su casa, en la escuela y es aún más dificultoso para ella cuando debe acudir al Hospital Garrahan, cada quince días.

Al respecto, María Rosa reconoció que “tenemos que caminar mucho para llegar a la parada del colectivo, y después le es imposible subir al transporte sin la ayuda mía y de otra persona”.

La progenitora refleja el calvario de la nena, que debido a sus movimientos forzados los kinesiólogos le anticiparon que “de seguir a los saltos puede perder la movilidad de su única pierna”.

Sin recursos

En tanto, se dilata la entrega de la prótesis por parte de Profe, mientras que “a mi hija le sacan 108 pesos de su pensión y cada vez es más. Nosotros estamos pidiendo algo que es urgente porque ella crece y no puede estar así”, agregó Albornoz.

Por lo tanto, la desconsolada madre clama que “primero quiero que me escuchen, ya estoy cansada porque desde que nació que estamos luchando con este problema. Estamos las dos solas y no tenemos los recursos para comprar la prótesis”.

Un pesar que también experimenta la niña, quien diariamente le confiesa a su madre que “estoy cansada, quiero caminar como cualquier chico”.

(Cronica)