Independiente dominaba el partido y, a 12 minutos del final, los hinchas locales tiraron bombas de estruendo y generaron incidentes. El árbitro suspendió el partido con el Rojo muy cerca de cuartos.
Corridas, palazos, bombas de estruendo, un hincha que queda atrapado debajo de una reja y en simultáneo es pisado por sus compañeros de batalla y golpeado por la Policía . Cinco minutos de descontrol. Cinco minutos para el final de una serie interminable. El reloj marca que se juegan 35 minutos del segundo tiempo, pero la novela entre Independiente y Santos ya lleva una semana. Exactamente desde que la (mala) inclusión de Carlos Sánchez en el partido de ida quedó bajo la lupa. Y desde que la Conmebol en lugar de resolver rápido, alargó hasta más no poder el tema y le fue sumando capítulos como si se tratara de un culebrón televisivo.
A la par de las averiguaciones, acusaciones, pruebas y contrapruebas de los dirigentes, comenzó a crecer la ilusión de los hinchas de Independiente y la bronca de los del Santos. Y el estallido llegó en ese mismo Pacaembú donde, una rato antes de que empezara el partido, los más de mil hinchas del Rojo ovacionaron al uruguayo Sánchez cuando la voz del estadio lo anunció como titular al son del “ponelo a Sánchez la p… que lo parió”.
A esa altura, ya nadie podía garantizar nada. Ni los dirigentes del Santos, quienes habían publicado un mensaje de paz en la cuenta oficial de Twitter del club (“Entendemos y compartimos el enojo con los tribunales y maniobras legales. Pero, más que nada, pedimos a los santistas que llenen el Pacaembú con paz y respeto por los adversarios”, decía) ni los diez efectivos de una empresa de seguridad privada que fueron contratados por el club argentino para reforzar la seguridad en el estadio del plantel y la de los dirigentes que se refugiaron en un palco del estadio tratando de pasar inadvertidos.
“Me preocupa lo que pase adentro del campo de juego, no lo que pueda suceder afuera”, había avisado Holan apenas pisóSan Pablo. Y tenía lógica. Aunque eso, justamente la lógica, fue lo que le faltó a este cruce de octavos de final. Tan es así que más allá de lo que escriba en su informe el árbitro chileno Julio Bascuñán, habrá que esperar a que la misma Conmebol que demoró una semana en resolver el partido de ida, ahora dé por terminado el duelo y clasifique a Independiente a la próxima ronda.
“Vamos a ir al TAS a pedir la suspensión de la Copa Libertadores. Se nos sancionó de una manera arbitraria, cuando a otros clubes, comoRiver Plate, se los deja jugar sin reparos”, avisó José Carlos Pérez, presidente del Santos, en la puerta del vestuario local. Afuera, a apenas unos metros, todavía se escuchaban gritos e insultos. La promesa de evitar como fuera que el partido se terminara que habían hecho los hinchas del Santos durante todo el día, había sido cumplida.
(Clarín)
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