En medio de las críticas por la falta de procedimientos en la causa que investiga la muerte de Débora Pérez Volpin, el juez Gabriel Ghirlanda dejó el juzgado que interviene en el caso. El magistrado estaba en forma interina, ocupando una suplencia. El viernes, a cumplirse dos meses del hecho, la familia y colegas de la periodista habían organizado un tuitazo para visibilizar las falencias en la investigación. El reclamo es saber qué pasó en el quirófano del Sanatorio de La Trinidad.
Los familiares de la ex conductora de Arriba Argentinos habían denunciado que la investigación estaba «paralizada». El abogado querellante, Diego Pirota, aseveró que todavía tenían que declarar 21 testigos, que no habían sido citados por Ghirlanda. Entre ellos, la jefa, la subjefa y la técnica anestesista del quirófano de la clínica. Así como también a cinco instrumentadores que estaban en el lugar y que asistieron durante las maniobras de reanimación de la legisladora.
Esta no sería la primera vez que el juez queda envuelto en un escándalo por su accionar. En 2005, las Madres del Dolor pidieron su juicio político por haber liberado a Claudio Adrián Álvarez, que había sido acusado de matar a una mujer de 56 años y su hija de 13 en el barrio de Nuñez.
En 2011, Ghirlanda fue acusado de haber recibido una coima para dictar la falta de mérito en el caso de Zahir Morales, la nena que quedó gravemente herida por la caída de un árbol. Dos años después, lo apuntaron sus propios colegas por «negación de justicia» y «corrupción».
En la causa de la periodista, el juez quedó en medio de las críticas por su inactividad. Los familiares de la legisladora criticaron que rechazó algunas medidas de prueba, como el análisis de los teléfonos de los médicos. Los investigados podrían haber intercambiado mensajes entre sí o con terceros sobre lo que ocurrió durante la endoscopía.
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