
La fe mueve montañas, se suele decir. La familia Villalba-Posdeley se aferró a la fe hasta el último minuto. Pero la realidad se impuso, el milagro no llegó y el dolor invadió los corazones de todos.
Mateo, de diez meses, murió el jueves en horas de la tarde. El diagnóstico final fue muerte encefálica, luego de un accidente doméstico. Desde hace tres días estaba internado en terapia intensiva, en coma. Se tragó una semilla de la fruta del ligustrín y no entró por la garganta, se fue directamente a las vías respiratorias. Esto bloqueó sus pulmones y le causó un paro cardiorrespiratorio.
Mateo estuvo sin respirar, intentaron reanimarlo, al no lograrlo lo llevaron al Centro de Atención Primaria de la Salud (Caps) de Itaembé Miní y luego lo trasladaron al Hospital Pediátrico.
Su estado era extremadamente delicado y los pronósticos médicos, desalentadores, pese a que los profesionales de la salud hicieron todo lo humanamente posible por salvar su vida.
Mateo era el menor de los hijos del matrimonio compuesto por Yamila Posdeley (26) y Fredy Villalba (32). Completan el clan Aurora (2) y Bautista (4).
Prevención
“La prevención en estos casos es que todos los niños pequeños, menores de 5 años, no deben jugar con objetos pequeños y siempre deben estar al cuidado de un adulto.
En el caso de los juguetes, siempre tienen en las recomendaciones y en sus usos, la edad, porque hay partes pequeñas del juguete y eso los chicos lo pueden meter en la boca y cuando se ríen o lloran o gritan, en lugar de irse para la faringe, por el tubo digestivo, se puede ir al respiratorio, como en el caso de Mateo, bloquearle un pulmón provocándole el paro cardiorrespiratorio”, comentó Paola Rodríguez, jefa del servicio de Emergencia del hospital de Pediatría.
Consultada sobre si la recomendación es trasladable a las guarderías y jardines de infantes, sostuvo: “Las maestras no piden materiales con las cuales los niños no pueden jugar. Generalmente en los jardines no ocurren estas cosas, esto suele ocurrir en el ámbito del hogar”.
“Un maní también es muy peligroso para que ingieran los niños -siempre haciendo referencia a menores de 5 años- porque ellos se ponen a morder y lo pueden aspirar. Hay un caso muy conocido en la ciudad en el que un chiquito de Posadas fue derivado a Buenos Aires porque acá no se pudo extraer el maní y luego murió”, contó la médica.
Respecto al accionar de los adultos ante un episodio de este envergadura, explicó: “Lo que ocurre es una obstrucción de la vía aérea, por lo tanto el niño queda azul sin poder respirar, es una urgencia, emergencia, deben concurrir al hospital y el pronóstico es siempre reservado dependiendo del tiempo de hipoxia”. Rodríguez remarcó “por eso es la importancia de que los padres y la comunidad en general sepa hacer RCP (reanimación cardiopulmonar ) y se empapen de las técnicas de primeros auxilios”
En oración
A la espera de un milagro, familiares y amigos se reunieron ayer en un abrazo simbólico al Hospital de Pediatría Fernando Barreyro, de Posadas, para rezar por la salud del pequeño Mateo.
“Todas las oraciones tienen una respuesta de Dios. Y estamos acá esperando la nuestra”, había manifestado Cristian Villalba, tío del niño que concentró todas las plegarias. Ayer, estaba junto a un grupo de la iglesia cristiana evangélica a la que asiste, en oración.
“Es nuestro gorilita. Así le decimos porque es un bebé fortachón, grandote”, lo recordaba su tío en las instalaciones del hospital, donde se acercaron desde diferentes lugares para darle fuerza a la familia.
El riesgo de las semillas, pilas y botones
Los riesgos que entrañan los accidentes infantiles con pilas y otros objetos pequeños son muchos. Si bien no son frecuentes, sí pueden ser peligrosos y representan una verdadera emergencia médica.
Las pilas que los chicos ingieren pueden perforar el estómago, aunque mayormente los intestinos; las que se introducen en la nariz o en los oídos pueden perforar el tabique o generar otra lesión auditiva o en laringe. Sobre las semillas de girasol y el maní, el riesgo es cuando ingresan en las vías respiratorias por accidente y mientras las comen porque producen una crisis por ahogo, que puede derivar en asfixia.
Especialistas señalaron que la ingesta de pilas botón por fortuna son tomadas a tiempo y son muy bajas las complicaciones. En tanto, por una cuestión cultural y de hábitos de consumo, el objeto extraño que más accidentes genera en las vías respiratorias son las semillas de girasol y el maní. El niño comienza a asfixiarse, tiene necesidad de aire y se pone azul por falta de oxígeno.
“Estuvo sin respirar, intentamos reanimarlo”

El pequeño “gorilita”.
Por Mauro Parrotta
Un caso increíble. Sucedió el domingo 1 de marzo en un barrio de Posadas. Desde el lunes y hasta ayer, el pequeño Mateo estuvo en coma, en estado de observación permanente por parte de los especialistas, que siempre informaron a la familia que no había demasiadas esperanzas en la recuperación del bebé.
Pero los padres se aferraban a las oraciones y es lo que pidieron a la gente.
“Los médicos están haciendo todo lo científicamente posible, pero no tienen muchas esperanzas, ahora lo importante inclusive es que no entre en muerte cerebral”, explicó el papá de Mateo, Freddy Villalba.
Todo parece ser una serie encadenada en la tragedia. Según su padre, Mateo jugaba con su hermano mayor en su casa del barrio Santa Lucía, al oeste de la capital provincial, cuando sucedió la desgracia. “Se tragó la fruta del ligustrín y no entró por la garganta, se fue directamente a las vías respiratorias.
Al cabo de una hora, Mateo estuvo sin respirar, intentamos reanimarlo, pero tuvimos que llevarlo al Caps de Itaembé Miní”, dijo, recordando esos minutos de desesperación.
“El médico de guardia, Enzo del Prado, hizo todo lo que pudo y tenía a su alcance, pero no contaba con herramientas necesarias para esta situación, nunca dejó de hacerle reanimación desde que llegamos hasta que nos fuimos”, resaltó el padre de Mateo, que hasta ultimo momento hizo guardia junto a su esposa en el Hospital de Pediatría Fernando Barreyro.
Casi de inmediato y en ambulancia lo trasladaron al hospital de niños del Parque de la Salud y experimentó el primero de los dos paros cardiorrespiratorios que sufrió. “No se le pudo sacar la fruta, porque terminó en uno de los pulmones”.
(El Territorio – Por Griselda Acuña )
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