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Marta vive en el barrio San Cayetano de Candelaria | Foto: María Rosa Fernández

Fue una eximia nadadora y hoy vive en el olvido

Marta Barrientos es una mujer muy conocida en Candelaria, pero a sus 73 años no sale de su casa del barrio San Cayetano, donde vive en condiciones muy precarias: no tiene cocina y apenas posee una cama en una habitación sin ropero ni placar. Sus pocas ropas están en cajas y las puertas se encuentran en muy  malas condiciones, lo que vuelve insegura a la vivienda.

Con los años la mujer, se convirtió casi en ermitaña. No recibe a nadie y se pasa acostada. Aunque reconoce que le gustaría tener un televisor para mirar lo que pasa en el mundo. A pesar que no permite el ingreso de nadie, después de mucha insistencia, recibió a El Territorio y contó su historia.
“No tengo a nadie en el mundo, no tuve hijos, tengo un hermano pero no se da conmigo, pero eso no es lo que me importa. Yo era una mujer muy vital, me gustaba andar en bicicleta y también nadar, jugar al básquet”, recordó. Esas son las únicas cosas que marcan una sonrisa en el rostro de Marta. Lo demás sólo le genera una mirada perdida, como recorriendo el tiempo hacia atrás hasta llegar a esta circunstancia que ella misma indica no gustarle, pero no le queda otra, sostiene.

Nadadora del Paraná

Cuando tenía 23 años, Marta fue la única mujer que en la competencia de Pacú Cuá a Posadas que cruzó el río Paraná nadando. “Salí cuarta, el que ganó ese día hizo era muy bueno”, rememoró.
La anciana en su juventud trabajaba como mucama en un sanatorio de Posadas. Fue despedida y al no tener trabajo, se dedicó a la venta de juegos de azar, así se hizo conocida en Candelaria. Recorría las calles en su bicicleta, que después la regaló porque un problema en sus piernas no le permitió andar más.
Señaló que no sabe exactamente que la llevó a no querer salir de su casa, poco va al médico, su único ingreso es de una jubilación mínima que la usa para comer, ya que una persona cocina y le lleva la comida cada día. “Cada comida pago 200 pesos y así se va toda mi platita, pero es lo que me toca, a veces no entiendo porque ya que nunca hice mal a nadie”, contó.
Mientras, no pierde las esperanzas de que el oscuro color de las paredes cambie y sus puertas sean arregladas. Y también de que alguien la ayude a reparar unos viejos televisores que conserva.
Por su lado, el enfermero Oscar Maidana, que trabajó con Marta, la recordó: “Jamás hizo mal a nadie, ella es la primera mujer que pasó de lado a lado el Paraná a nado, en el agua parecía un pez. Nunca paraba de llamar la atención por su gran fortaleza”.
Desde Acción Social municipal, su titular Mirta Ríos afirmó que le brindaron asistencia. “Cuando nos enteramos del caso, acudimos al lugar, era reacia, no quería atendernos, pero con el tiempo logramos ingresar a la casa y pudimos hablar. Se la llevó al médico, se le reactivó la obra social del Pami, pero la realidad de ella es mala”, explicó. Comentó que cuando le dieron la primera asistencia estaba en “abandono absoluto” y las alimañas deambulaban por todos lados. Por ese motivo desinfectaron y limpiaron el lugar.
(El Territorio)

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