“Recibí tres disparos. Baleado corrí. Si me caía me mataba, porque no tiró para asustarnos, sino para matarnos”. La frase se corresponde con el inicio del dramático relato de uno de los jóvenes heridos de bala el último domingo en medio de una disputa por tierras en un terreno fiscal ubicado en paraje Tirica de San Pedro.
Tal como publicó este matutino en la víspera, el hecho se registró el domingo, cerca de las 17, cuando un grupo de ocho personas que hace poco más de un mes se asentaron en forma ilegal en fracciones de tierra del lote fiscal N° 27, sección VII, Sector A, de 57 hectáreas en el paraje Tirica, fue atacado a tiros por parte del sindicado sujeto que aduce ser propietario de una parcela lindante, cuestión que se contradice con lo averiguado por los damnificados y con la información brindada por otras fuentes consultadas.
Según relataron los entrevistados, esta no sería la primera vez que el hombre ahora prófugo amenaza u ocasiona daños a las familias que ocupan tierras en el lugar, algunas de ellas con ya casi seis años en la zona y quienes se dedican a trabajar el terreno para obtener alimentos.
Justamente, los bienes producidos ya fueron varias veces destruidos por el acusado, aunque nada de eso hizo que las familias den el brazo a torcer; pero el drama se profundizó cuando los vecinos de la zona supieron que el terreno se trataba de tierras fiscales y decidieron meterse en una fracción de superficie lindante a la chacra de Eduardo F.
El ingreso de los sindicados ocupas aumentó la bronca del hombre, quien habría denunciado a los nuevos intrusos hace tres semanas por talar el monte y eso incluso derivó en la intervención de la Policía Ambiental.
En medio de ello, las familias continuaron con su plan: armar rozado para cultivar. Para todo ello, incluso, contaron que utilizaron el IFE (Ingreso Familiar de Emergencia) para comprar motosierras y machetes, herramientas que fueron incendiadas por el violento, al igual que la pequeña casa que habían edificado, previo a una declaración jurada que realizaron ante el Juzgado de San Pedro, documento en el cual dejaron constancia de que estaban ocupando la mencionada parcela de tierra.
El ataque, en primera persona
En este contexto, fue el domingo, mientras las familias -entre ellas un niño de 2 años- estaban reunidas alrededor de una fogata tomando mate que percibieron los primeros disparos provenientes del monte, ubicado a unos 50 metros de distancia.
Los disparos terminaron impactando en tres personas: Roberto L. (31), Alejandro Gustavo De Olivera (22) y Esteban Olivera (28), quienes resultaron con lesiones de distinta consideración y con heridas de bala en diversas partes del cuerpo.
En esa instancia, las familias comenzaron a correr hacia diferentes sectores para esquivar las balas, que en total habrían sido ocho y que fueron efectuados con una escopeta de grueso calibre. Las marcas de los tiros quedaron en las viviendas y en los árboles.
En la víspera, Gustavo, uno de los heridos, aseguró que el acusado estaba junto a otras dos personas al momento del ataque. El joven recibió el alta pocas horas después del hecho y aún con incapacidad de movilizarse normalmente por los dolores, habló con este diario y contó todo lo sucedido.
“Estábamos tomando mate. Él llegó y sin más comenzó a disparar. Sentí miedo, estaban las criaturas y él seguía disparando, vino decidido a matar a uno de nosotros. Corría detrás de nosotros tirando, yo filmaba y cuando bajé el teléfono él me tiró para matar. Me dolía mucho pero seguí corriendo porque si no me liquidaba, no estaba solo, estaba con dos personas más. Tengo heridas en el abdomen, muslo y el brazo izquierdo. Estuve internado y sentimos mucha impotencia”, expresó el joven.
Tras los disparos, el acusado también persiguió a los ocupantes en un automóvil y en una motocicleta, en tanto que después volvió al campamento para incendiar la casa. El fuego iniciado no alcanzó a arrasar por completo la vivienda, pero sí destruyó mercaderías, ropa, colchones y herramientas.
Como consecuencia de esto, algunas familias se quedaron con lo puesto, ya que habían invertido sus ingresos en alimentos y herramientas para comenzar una nueva vida en esa parcela de tierra.
Impotencia y miedo
La indignación e impotencia emerge entre los damnificados por la forma en la que consideran que el actuó el acusado, “sin piedad y tirando a matar”, cuando en realidad el sujeto tampoco posee título de propiedad de las tierras en cuestión y apuntan que su único interés está relacionado con la explotación forestal, por la riqueza en cantidad y calidad de ejemplares de gran porte de madera nativa en la zona.
“Él tiene permiso de ocupación por tres hectáreas, que está antes de la parte que estamos ocupando. Esto es fiscal, él no puede venir a hacer esto con nuestras familias, tenemos todo el derecho de estar allí. Hace un año que él viene y nos corre, no nos deja trabajar en paz y ahora no tenemos dónde vivir, estamos en casa ajena. Yo no tengo ni para comprar los medicamentos para que se sanen los orificios de los tiros”, agregó Esteban, que sufrió dos disparos en la pierna izquierda.
“Tenemos miedo de volver porque tengo temor por mis hijas. Si él tiró habiendo niños ese día, no le costará volver a hacerlo. Pedimos justicia, nosotros no invadimos sus tierras. Él no planta, no cultiva, sólo quiere sacar madera”, agregó el joven, que es padre de cuatro niñas.
Por su parte, una de las familias que hace seis años ocupa otra parcela de doce hectáreas dentro del mismo lote, aseguró que es común que Eduardo tome represalias contra los que intenten ingresar al lugar y les llama la atención que los hechos anteriores que recaen en su contra hayan quedado impune.
El sujeto apuntado por el hecho, Eduardo F. (53), por su parte, continuaba prófugo a pesar de las intensas labores desarrolladas por diversas dependencias de la Unidad Regional XII de la Policía de Misiones. De acuerdo a lo consignado por fuentes policiales, desde el domingo a la tarde hasta la jornada de la víspera efectivos de la Comisaría Primera, del Comando Radioeléctrico y de la Mini Brigada de San Pedro, realizan labores conjuntas de recorridas y rastrillajes por la zona pero hasta el momento no pudieron dar con el sujeto buscado. El hombre fue buscado en zonas de montes y malezas, como así también se montó vigilancia en inmediaciones a su vivienda y en otros domicilios donde podría acercarse, pero nada dio resultados hasta ahora. El operativo de búsqueda permanecerá activo. En el caso interviene el Juzgado de Instrucción Tres de San Vicente, a cargo del magistrado Gerardo Casco.
(El Territorio)
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