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«ME DESPERTÓ EL RUIDO DE LA BOLSA MORTUORIA»: EL TESTIMONIO DE UN HOMBRE DE 29 AÑOS INTERNADO POR COVID-19

Gastón Abrego compartió en Twitter un duro relato de cómo transitó sus días de lucha contra el virus en el Hospital Central de Mendoza. LA NACIÓN se contactó con él y confirmó que pronto le darán el alta, aunque aún le queda un largo camino de recuperación. Aquí su testimonio completo:

«Empecé el 4 de abril con síntomas leves como todos. Ya pasaron19 días y sigo internado. Dos días después de los síntomas me hice el test y di positivo. Toda esa semana mi salud fue decayendo. El martes 13 me empezó a faltar el aire y asistí a el hospital.
Fui al hospital central de Mendoza. Fue una suerte haber llegado cuando la ola un no estaba creciendo. Me atendieron bien y rápidamente me estabilizaron. Nunca pensé que con 29 años esto se iba a complicar tanto. Quedé internado con máscara y una tomografía vio que tenía neumonía. Neumonía bilateral. Mis pulmones ya no respondían. Se los comía el COVID. Yo que hace un tiempo podía correr kilómetros sin más. Hoy envejecí 20 años. Pasé por mucho en el lapso de estos casi 9 días. Entre ellos no poder dormir por la falta de aire o que la gente se muera a mi lado.
Una noche después de dormir una hora sentí mucha movimiento a mi lado. El señor de la cama de al lado se estaba ahogando y las enfermeras lo estaban salvando. Todo fue en vano, dejo de respirar y nunca pudo llegar a terapia. No había lugar y su neumonía avanzo muy rápido.
La imagen de verlo delicado pero consiente en la tarde no se me va a borrar. Ya en la noche durmió y no se despertó más. No hubo abandono de nadie. A cada rato las enfermeras lo asistieron y los médicos lo visitaron para seguir evaluando su evolución. Fue muy rápido todo. De un momento a otro ya lo estaban metiendo en una bolsa negra. Nunca supe cómo se llamaba, nunca sabré quien lo llora.
Otro día más pasaba y yo por suerte seguía dando mi pequeña batalla. El oxigeno seguía funcionando pero cada vez lo necesitaba más. Podía ir a bañarme sin tanto esfuerzo aún que después volvía como del desierto. Una mezcla de transpirado por la falta de aire y bañado.
Al día 5 de internación me cambiaron de habitación. La cama de mi lado ya había sido ocupado por otro COVID. Me llevaron a la sala 8 con otros dos. Uno estaba bastante bien y el otro mal. La misma situación. En la tarde delicado pero consiente y en la noche complicado.
Me despertó el ruido de la bolsa mortuoria. Fue lamentable. Fue estar en frente a frente con la muerte. El señor de unos 60 años en la tarde había estado mandando unos audios, con esfuerzo y la enfermera le dijo que no hable y apague su celular. Él le hizo caso y su celular nunca más se prendió.
Todo esos días así pensaba de cómo había llegado hasta aquí. (…) Fue difícil no llorar frente a todo ese clima de desesperación. No pude mantenerme a salvó de los pensamientos negativos.
(…) Cerca del final de mis días en ese hospital el doctor me avisa que me iban a trasladar. Me dio una explicación del porque. Estaban colapsados y estaba evolucionando. Me sentí aliviado. Me dieron más ganas de salir de ese infierno.
Ahora estoy en un CIC reacondicionado en Beltrán, Mendoza. Estoy realmente en un universo paralelo. No es un hotel pero tengo paz. El clima ha cambiado y me ayuda un montón. Se que todo sigue colapsado y no hay mucho ánimo pero desde que llegué acá empecé a vivir de nuevo. Volví a dormir mejor. Ya no hay ruidos de camas moviéndose o gente corriendo. Los médicos entran serenos y me controlan en el día. Estoy bien y mi mente está mejor.
Yo solo quería contar mi experiencia. Esto para mí no paso aún. No sé cuando acabe pero tengo esperanza. Y ha sido un drama que me va a marcar. Mi padre falleció de COVID en octubre pasado. Estar ahí hizo que me pusiera en su lugar. Desde que lo aislaron en su casa nunca más lo volví a ver. Mis hermanos se lo llevaron al hospital y nunca más salió.
Cada hombre que vi morir ahí fue una parte de él que pude darle forma. La peor de las formas pero que hoy siento que necesitaba para darle el duelo que nunca pude darle. Un día sin más desapareció y eso fue todo. Solo pude ver su cajón desde la lejanía. Su tumba lleva su nombre.
(…) Quisiera poder haber estado ahí pero el universo conspiró para que no fuera de esa manera y sí de esta. Lo extraño y desde que entré al hospital vi un poco de el acompañándome.
Quería contar esto para sacarlo de mi y dejar en el mundo un testimonio de lo que sentí. No me contagie por descuidarme sin más. No pensé nunca individualmente sin más. Pase por la experiencia de perder a alguien y seguí cuidándome. No entiendo en gran parte como se contagia.
Solo creo que este virus nos viene a mostrar algo (…)»
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(La Nacion)

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