Tan cerca y tan lejos. Son 2.550 los metros que mide el Puente Internacional San Roque González de Santa Cruz, los cuales a su vez la separan de su tierra, Posadas, la ciudad a la que no puede regresar desde que se decretó la emergencia sanitaria por el coronavirus y el posterior cierre de las fronteras.
Carina Lezcano (26) viajó a Asunción, Paraguay, el 8 de marzo para continuar con sus estudios en una escuela bíblica en la que empezó el año pasado. “Me traje un dinerito para los dos meses que tenía que durar mi estadía en Paraguay y por supuesto que se acaba. En la escuela que estudio se cursan dos meses en dos etapas del año durante tres años”, contó la joven en diálogo con El Territorio.
El infortunio le jugó una mala pasada y pese a los reiterados intentos y comunicaciones con el Consulado Argentino en Paraguay, la oportunidad de regresar en los operativos de repatriación se le fueron de las manos.
“Primero me comuniqué con el Consulado Argentino que está en Asunción, eso fue a finales de abril y primeros días de mayo. Ellos quedaron en comunicarse conmigo en el transcurso de ese mes y como no lo hicieron yo llamaba semanalmente para preguntar si había alguna novedad”, comenzó contando Carina sobre sus intentos.
“Hablé con un chico que también estaba varado pero en Encarnación y me comentó que la primera semana de junio iba a haber una repatriación, entonces incansablemente llamé al Consulado para saber si estaba en la lista o había posibilidades de que me agreguen, ellos me respondieron que no se podía hacer ninguna de las dos cosas”, continuó relatando.
Lo que Carina no sabía es que el 5 de junio -cuando ingresaron casi 200 misioneros provenientes de Paraguay- la llamaron desde la cabecera del puente para avisarle que estaba en la lista y la estaban esperando. “Les comenté mi situación, de que no me habían avisado nada a pesar de que llamé toda la semana. Me pidieron disculpas y que me dijeron que me iban a tener en cuenta para una próxima repatriación pero hasta ahora nada”.
Sus padres no la pueden ayudar
Para evitar perderse una nueva oportunidad, Carina viajó a Encarnación y actualmente se encuentra en la casa de unos familiares que son los que le están brindando apoyo en este tiempo de incertidumbre.
“Mi familia está en Posadas y vivimos en el barrio Las Dolores. Ellos se encuentran indignados e impotentes por no poder ayudarme y porque además yo ya hice todo lo que estaba a mi alcance, hablé con el Consulado, más no puedo hacer que esperar su llamado”, se lamentó.
El último gran operativo de repatriación de misioneros desde Paraguay se realizó el pasado 5 de junio en el que ingresaron 198 personas. En esa oportunidad, la actividad se realizó de forma ordenada y mancomunada entre Gendarmería Nacional, Policía de Misiones, Aduana, Migraciones, Sanidad de Frontera y el Ministerio de Salud Pública de la provincia, entre otras entidades como el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa). Los repatriados habían llegado en 20 autos particulares y seis colectivos para luego fueron sometidos a distintos controles tanto al salir del vecino país como al ingresar a la Argentina. Por último, el 10 y 11 de julio, se realizó el último operativo en el que ingresaron 350 argentinos oriundos de Buenos Aires, Santa Fe y el Sur del país, de los cuales sólo tres de ellos eran misioneros. “Estamos muy celosos con el ingreso a la provincia: si no es una actividad justificada, no ingresa”, había señalado el subsecretario de Salud, Héctor Proeza y había añadido: “Tiene que ser misionero o ingresar por una actividad esencial, transporte de sustancias alimentarias y forestales o agropecuarios”.
(El Territorio)
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