No hubo llamas voraces y descontroladas, hierros retorcidos ni la furia del agua u otros desastres naturales se hicieron presentes para desatar una tragedia. Sin embargo, la búsqueda de un pequeño de 2 años durante dos días tuvo en vilo a toda una provincia y despertó los sentimientos de incertidumbre, angustia y temor a lo peor, al igual que otros rescates.
Octavio Leonel Da Silva, hijo de tareferos y fan de Messi, desapareció a la siesta de un campamento de Colonia Milagros a unos diez kilómetros de Pueblo Illia, municipio de Dos de Mayo, el jueves 30 junio del 2016. Se trata de una zona de extensas plantaciones de té y yerba y de una espesa vegetación por la que transitaron más de 200 policías y un centenar de vecinos para encontrarlo.
El niño se esfumó sin más, descalzo y sin remera, despertando los mitos de personajes perversos del monte misionero. Sus padres, Gilberto Da Silva (25) y Viviana Marisel Lemos (17), lo buscaron cerca y a los gritos, pero la desesperación fue ganando y traspasándose a todos en la tarefa. Para la noche, varias linternas y machetes surcaban la oscuridad.
“Vamos a buscar un poco más, tiene que aparecer” repetían para aliviar la desesperación de los jóvenes padres, también a cargo de otro pequeño. A Gilberto le pesaba no haberle dejado caña y tabaco al Pombero, a quien señaló por la desaparición de su gurí.
El propietario de la chacra, Vicente Kovalik, mencionó a El Territorio en su momento que el día anterior a la madrugada “el Yasy silbó mucho, cosa de nunca, como queriendo decir algo” en la referencia al Yasy Yateré, famoso por raptar niños a la siesta. Las especulaciones, mientras llegaban comitivas de búsqueda, un helicóptero y drones se posaron también sobre la posibilidad de que un yaguarté se haya llevado al pequeño.
En medio del desconcierto general, los efectivos locales detuvieron a dos personas, un tío y un amigo del padre que había estado por última vez con el niño, que no tenían ninguna responsabilidad. Leonel y su familia son de San Vicente y su padre era el capataz de la cuadrilla que había armado campamento para trabajar en la yerba. El niño estaba en ese lugar porque su mamá, trabajadora, no tenía con quien dejarlo.
Al lugar llegaron grupos especiales de la Policía, Bomberos, de la sección de canes con cuatro perros adiestrados, de la sección montada, Gendarmería Nacional y solidarios que peinaron la zona de punta a punta. Fueron dos eternos días que culminaron con un milagro de vida el sábado 2 de julio a media mañana.
A 450 metros de lugar donde se había perdido el niño estaba oculto entre malezas, semi incociente, muy sucio y deshidratado. Con las pocas fuerzas que le quedaban balbuceó algo para dar señal de que estaba bien, pero no lloró ni se movió mucho. El cabo primero Sergio Dornels, del Grupo de Operaciones Especiales de la Unidad Regional VII fue su ángel guardián que lo envolvió en brazos y llevó el júbilo a todos.
“Veníamos en grupo abriendo la picada a machetazos y lo veo a doce metros de donde estábamos nosotros. Saqué fuerza de donde no tenía, pensé en mi hija que tiene la misma edad y seguí abriendo camino hasta llegar a la criatura, que estaba tendida boca abajo” recordó a El Territorio un mes después Dornels.
“No se movía, no hacía ningún ruido, no lloraba, pensamos lo peor. Cuando lo alzo se puso a llorar, fue un milagro, Dios estaba allí”, agregó. Es que a medida que pasaba el tiempo las chances de vida de Leonel se disminuían porque “en el monte hay víboras, arañas, alacranes”, valoró en una entrevista con su familia.
La imagen del cabo primero llevando al niño, eternizada por el fotógrafo Facundo Correa, conmocionó a todos y es valorada fue valorada por muchos colegas como un ejemplo del trabajo a la comunidad que brinda la Policía de Misiones. “Cuando lo alcé en mis brazos no pude contener las lágrimas, tuve la sensación de como si hubiese alzado a mi hijo, algo inexplicable e inolvidable”, contó emocionado.
“Lo buscamos como si fuese nuestro hijo, pues todos los del grupo que fuimos de Apóstoles somos padres, yo tengo una nena de esa edad, así que estaba muy conmovido al momento de encontrarlo. Rastrillamos entre la maleza, pozos, cunetas y debajo de las ramas, quizás esperando lo peor, pero teníamos confianza de encontrarlo con vida”, resumió orgulloso.
Las circunstancias en las que se perdió el niño descubrieron una vez más las terribles condiciones en las que trabajan los tareferos, presos de una herencia tan antigua como injusta. Más allá del eso, en Colonia Milagros están todos convencidos que un servidor vestido de negro trajo otra vez a Leonel, luego de que El Pombero se lo llevará.
La cronología de los hechos:
Jueves.
Se presentó la denuncia en la comisaría de Dos de Mayo a las 17 y la Policía impulsó el operativo de búsqueda. Éste fue el día de mayor tensión para los vecinos y familiares del niño, que acompañaron el rastrillaje hasta altas horas de la noche.
Viernes.
Cerca de 200 efectivos de San Vicente, Posadas, Oberá y Alem, que se sumaron en la búsqueda de Leonel. El rastrillaje se realizó junto a helicópteros y equipos especializados.
Sábado.
Después de casi dos días de búsqueda, finalmente el cabo primero de la Unidad Regional 7 de Apóstoles, Sergio Dornels, encuentra a la criatura tendida entre malezas, a las 10.30. El pequeño es derivado al hospital de San Vicente
(El Territorio – Foto Facundo Correa)
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