La marihuana estaba oculta en los paneles laterales de un Renault Logan.
Se habían disfrazado de sacerdotes para no llamar la atención. Se colocaron crucifijos y apoyaron un par de biblias sobre el torpedo del auto con el cual habían salido desde Puerto Iguazú, en la madrugada. El teatro les funcionó para atravesar completamente Misiones, pero todo se desmoronó ante una patrulla de Gendarmería Nacional en Corrientes, en pleno mediodía.
Fue el fin del trayecto para dos misioneros oriundos de la Ciudad de las Cataratas que, de esa forma, pretendieron traficar 47 kilos de marihuana hacia Buenos Aires.
Uno se llama Gerardo (43) y el otro Eduardo García (32), siendo este último quien recientemente admitió en un juicio abreviado haber cometido el delito y en consecuencia, lo condenaron a cuatro años y seis meses de prisión.
La homologación de la pena se concretó ante el Tribunal Federal de Corrientes. Los magistrados no se opusieron a la decisión que tomó el condenado de reconocerse culpable, en un acto desarrollado junto a su defensor oficial y el fiscal.
Nervios y equivocaciones
La detención de los falsos religiosos dejó al descubierto una modalidad casi desconocida hasta ese momento, aunque se sabe que el ingenio narco siempre va un paso adelante.
Los registros judiciales marcan que ocurrió a las 12.25 del 27 de julio de 2015, a la altura del paraje Tapebicuá de la ruta nacional 14, donde una patrulla del Escuadrón 7 de Gendarmería, con base en Paso de los Libres, dispuso un control vehicular.
En determinado momento se asomó el Renault Logan. De acuerdo a los informes, el conductor era Gerardo, pero Eduardo viajaba en el asiento del acompañante, estando ambos vestidos con atuendos utilizados habitualmente por sacerdotes católicos, crucifijo en el cuello y transportando ejemplares del Nuevo Testamento en el torpedo.
Hasta ese momento no había nada raro, pero cuando los federales les pidieron la documentación del coche, más allá de la personal individual, presentaron una cédula de identificación correspondiente a un Chevrolet Corsa, que claramente no coincidía con el Logan, aunque después de buscarla en una cartera, presentaron la correcta, excusándose por la equivocación.
Ese error fue por lo menos raro para los gendarmes. que decidieron revisar el baúl, en el que detectaron una valija mediana, una frazada y algunos accesorios del rodado. Pero en pleno proceso de apertura de la maleta, los uniformados advirtieron signos de soldaduras en la zona de la cerradura, que, según dijeron era demasiado llamativa, porque el estado general del auto era bueno, pese a que el chofer dijo que lo habían chocado semanas antes en Iguazú.
Con esos indicios, los gendarmes dieron un paso más. Les pidieron que abran las puertas traseras, a lo que en principio se negaron, pero al finalmente hacerlo descubrieron que las ventanillas se bajaban solamente hasta la mitad. Lo mismo pasó con la puerta del acompañante, cuyo panel estaba adherida solamente con pegamento (sin tornillos).
Ese cúmulo de situaciones, sumado al nerviosismo de los sospechosos, terminó en una situación tan insólita como determinante. Explicaron los efectivos que el panel de la puerta se desprendió por completo, ante lo que uno de los falsos curas, de forma sorpresiva, subió al coche y aceleró a fondo por alrededor de un kilómetro, abandonando a su acompañante a su suerte.
Mientras uno estaba en calidad de detenido, fueron detrás del otro, a quien alcanzaron a los pocos minutos por la misma carretera. Cuando frenaron su marcha, pidió disculpas y aseguró que llevaba discos compactos hacia Buenos Aires. Era mentira.
Con herramientas especiales desarmaron el Logan, descubriendo que en los paneles de las puertas transportaban 70 paquetes de marihuana, de distintas dimensiones, con un peso total de 46 kilos.
Los falsos curas fueron derecho a prisión. Pocas semanas después se determinó que el destino de la droga era el barrio porteño de Flores, aparentemente la Villa 1-11-14.
Radio La Cueva Am 1580 – 25 de mayo Misiones