Un efectivo de la Policía de Misiones resultó herido de bala debido a un disparo efectuado por un propio compañero con un arma oficial y en pleno servicio. El hecho se mantuvo bajo un fuerte hermetismo y, aunque las consecuencia podrían haber sido peores, el funcionario herido está fuera de peligro.
Según se pudo reconstruir en base a fuentes confiables los protagonistas prestan servicios en la División de Comando Radioeléctrico de Fátima, en Garupá. Quien disparó es oficial principal, que se estaba desempeñando como jefe de división, y quien recibió el disparo ostenta el rango de sargento.
Todo ocurrió el sábado, en horas de la siesta, y los efectivos estaban con otros cuatro uniformados que fueron testigos de la secuencia. Como se disponía un patrullaje por la zona a modo de prevención, el oficial a cargo fue hasta la armería y tomó una escopeta ithaca calibre 12-70.
El efectivo no habría verificado correctamente el estado del arma, pero de todas formas activó el sistema de carga y descarga. Eso hizo que, por accidente, se efectúe un disparo que impactó directamente a su compañero a la altura de las costillas.
Traslado
La situación fue de desesperación. El sargento herido empezó a sangrar abundantemente de forma inmediata, por lo que se dispuso el traslado en el móvil policial hasta el hospital de Fátima.
Una vez llegados al centro asistencial, la respuesta no fue la que esperaban. Los profesionales médicos dijeron que no podían atenderlo, aunque no se saben los pormenores de esas circunstancias. De esta forma, se subieron nuevamente al patrullero y se movilizaron hasta el hospital Madariaga.
Allí fue atendido y se hicieron los estudios médicos pertinentes. Los profesionales expresaron que la bala no dañó ningún órgano, por lo que solamente causó heridas leves que necesitaron una sutura. De todas formas el resultado podría haber sido mucho peor.
Desde la fuerza provincial expresaron que el arma estaba cargada con una posta de goma y que la víctima del impacto solamente estuvo un par de horas en observación y después fue dada de alta. No hizo la denuncia contra su compañero.
Asimismo, el hecho fue informado a las autoridades del Juzgado de Instrucción Siete, que dirige el juez Carlos Giménez. Sin embargo, debido al carácter de la lesión, además de las circunstancias en la que se produjo, no se abrió un expediente judicial.
No se informaron las medidas que se tomarán puertas adentro de la fuerza, aunque al parecer el oficial principal tendrá mayores consecuencias.
Un caso distinto, misma arma
Una escopeta ithaca calibre 12-70 como que se utilizó en el hecho en cual estuvieron involucrados los efectivos policiales el sábado, habría dado muerte a Arnaldo Alejandro Amarilla (33) hace exactamente un año, el 1 de julio del 2018 en el barrio A 3-2 de Posadas.
El cuerpo de Amarilla fue encontrado casi al amanecer en el interior de la casa ubicada en la Manzana 18 del mencionado barrio y por su muerte está acusado de homicidio calificado el sargento Esteban Emanuel S. (32).
Según la reconstrucción realizada en base a los testimonios recogidos en el lugar, su hermano Celso había regresado después de cuidar la vivienda de un vecino y se topó con la escena.
La víctima estaba sin remera, muerto sobre un charco de sangre que se escurría hacia el patio lateral. La puerta estaba abierta y según explicó, cree que su hermano trató de meterse corriendo a la casa cuando se desplomó.
Mediante los testimonios se pudo reconstruir que la víctima tenía un cuchillo tipo carnicero. El chofer del patrullero utilizado por los uniformados detenidos contó que antes del episodio de los disparos pasaron frente a la casa de la víctima y éste los habría insultado y amenazado con el arma blanca, desde adentro.
En esa instancia, declaró que regresaron a la dependencia hasta que, horas más tarde, acudieron otra vez al lugar pero, en esa oportunidad, el sargento acusado de homicidio llevó el arma antidisturbios y estando a unos 30 metros de la propiedad del fallecido, junto al suboficial David Salomón V. (30), pidió que detenga la marcha.
Los dos se bajaron, caminaron hacia el hombre y fue en ese momento cuando escuchó un primer estruendo -dijo- y observó a Amarilla correr hacia el interior de la casa, escuchando otro disparo. De ahí regresaron a la Comisaría Décima, dejó a ambos y siguió hasta la dependencia en la cual presta servicios.
Pocas horas después del hecho, fue allanada la Comisaría Décima, y de la gaveta de un escritorio (en la guardia) incautaron cartuchos detonados de la escopeta ithaca, que serían los utilizados por el efectivo. Los investigadores consideraban que probablemente el arma tenía dos tipos de municiones: postas de goma y balines de acero.
Según los testigos, el policía estuvo más tarde en el lugar e intentó modificar la escena. Incluso un vecino aseguró que el acusado le dijo que vaya a ver porque le había pegados “dos tiros”, pero no quiso involucrarse por temor a que lo incriminen en el asesinato.
El abogado del acusado, Víctor Verón, relacionó el hecho la poca capacitación en la fuerza provincial: “Mi defendido con 14 años en la fuerza, no contaba con un taller o capacitación para el uso de este tipo de arma y por esto ocurre el mal manejo”.
Si bien el hecho ocurrido en Garupá es muy distinto a la secuencia que en la muerte de Amarilla, que se investiga como un caso de gatillo fácil, la denuncia de Verón podría considerarse ser un factor común.
(El Territorio – Por Carlos Manuel Cardozo)
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