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Comedores atienden a más familias y hay barrios con listas de espera

Betty Olinda Correa, del comedor Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, de Villa Cabello, lleva 20 años preparando desayuno y almuerzo para los vecinos castigados por la pobreza: “Lo que está pasando ahora hace años que no vemos, todos los días viene gente que nunca pisó un comedor a preguntar si hay comida, esta gente tiene vergüenza, viene con la cabeza agachada porque perdió el trabajo, porque no puede comprar la comida para sus hijos”.
Y siguió: “Hay un aumento de pedidos de raciones, estamos haciendo malabarismo para que nadie quede sin su plato, nosotros servimos unas 50 a 70 fuentes, cada una tiene unas cinco a diez porciones, porque hay grupos muy numerosos”.
La mujer sostuvo que “a la situación de falta de trabajo, también se suma el encarecimiento de los alimentos, es algo que lo sienten los padres y que nosotros en el comedor también sufrimos porque una semana compro una bolsa de harina por 60 pesos y a la siguiente vale 100 pesos, eso es la inflación”.
En tanto, en la cocina centralizada que funciona en Santa Rita se preparan quince ollas para los barrios del suroeste capitalino.
El encargado Luis Blainch relató que “la demanda aumentó casi al doble, a fines del año pasado teníamos censadas 1.600 personas que tenían una porción de comida y esa cifra se disparó”.
La preocupación de los cocineros es que nadie se quede sin comer, “la verdad es que hay días en que falta, por suerte el Ministerio de Desarrollo nos aporta los insumos, pero la cosa es que la gente se acerca espontáneamente, si no le sale una changa o no junta para la comida viene nomás”, apuntó Blainch.
La cocina centralizada depende de la Provincia y funciona en las avenidas Monseñor de Andrea y Chacabuco; allí trabajan doce cocineros y sus ayudantes.
“Tenemos lista de espera, porque trabajamos con cupo, los barrios que hoy más están necesitando el servicio de comida son del oeste como la chacra 181, chacra 158, chacra 100 y todo Santa Rita”, sostuvo el administrador.

Empobrecimiento 

Las organizaciones sociales e instituciones que trabajan de cerca con las poblaciones carenciadas sostienen que la mayor presencia en comedores y merenderos es un síntoma unívoco de una crisis socioeconómica que golpea a los estratos más vulnerables.
Fabricio Tejerina, de Barrios de Pie, indicó: “Estamos viviendo una caída de la calidad de vida en todos los sectores, los que trabajamos en las villas estamos conscientes de una reagudización de la pobreza hace unos años, pero ahora le tocó a la clase media y, entonces sí se pone en agenda esta caída del poder adquisitivo, el encarecimiento de precios en productos básicos, la dificultad para llegar a fin de mes”.
Describió: “En los comedores de Barrios de Pie la demanda de platos se duplicó, estamos viendo que el que podía ahorrar ya no ahorra y el que tenía trabajo no lo tiene o el salario está muy bajo, esto se traduce en chicos que van a la escuela por la comida y por un salario, pero no van a aprender, porque nadie puede aprender en un contexto de pobreza extrema”.
En tanto, el sacerdote Alberto Barros, vicedirector de Cáritas Posadas, reflexionó: “Cáritas tiene cinco merenderos que son también espacios sociales y educativos, en todos estos centros la demanda de raciones aumentó, ese es el diagnóstico que tenemos, que hay un sector de la población que no está pudiendo costear el alimento, la Iglesia desde Cáritas tiene asegurada las partidas para todos los comensales porque recibimos un fondo de Cáritas nacional”.
(El Territorio)

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