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Miryam Bogado seguirá en libertad el proceso por la muerte de su hija

“Gracias, gracias, gracias, gracias”. Frente al Juzgado de Instrucción Siete de Posadas, el sol del mediodía se refleja en la sonrisa de Miryam Bogado (19) y todos los presentes, que no dejaban de abrazarla. Y ella no dejaba de agradecer. Después de ocho meses tras las rejas, le acababan de decir que era libre nuevamente.

El juez Carlos Giménez, quien lleva el caso por un supuesto homicidio agravado por la muerte de su hija de cuatro meses, decidió el cese de prisión preventiva después de varios recursos interpuestos por su defensa. Así, la joven mbya guaraní volvió a su casa.
Según explicó la abogada Roxana Rivas -quien trabaja con el letrado Eduardo Paredes-, la muchacha tendrá la única restricción de no de salir del país, pero de todas formas deberá presentarse una vez al mes ante la Justicia. El proceso, que estaba pronto a elevarse a juicio, continuará, lo que significa que sigue estando imputada y aún es pasible de ser condenada a prisión perpetua.
“Ahora nos toca pelear por la absolución, fue mucho mejor de lo que esperábamos porque ahora podrá volver a su casa con su hijo y con la mamá”, agregó Rivas y destacó la labor de la Mesa por la absolución de Miryam Bogado, conformada por grupos feministas e indigenistas, entre otros sectores sociales.
Muchos de ellos estaban ayer esperando, primero dentro del juzgado y luego fuera de la sede, donde abundaron los abrazos y las fotos. También estuvieron presentes referentes indígenas, aunque no de la familia, ni de la comunidad Kokureí mbya de San Ignacio a la que pertenece.
Según explicaron personas que siguen muy de cerca el caso, sus familiares no tenían más dinero para costear el viaje de 100 kilómetros que une a San Ignacio con la capital provincial. Habían venido la semana pasada, el viernes 20, ante un recurso de hábeas corpus que presentó la Comisión Provincial de Prevención de la Tortura, del Ministerio de Derechos Humanos provincial, ante el Juzgado de Instrucción Tres.
La medida no fue coordinada con la defensa -que de todas formas brindó su acompañamiento- y tampoco se sabe por qué no se hizo la presentación ante el juez de la causa. Las escenas en ese juzgado fueron de mucha tristeza, llantos y reclamos debido a que había una ilusión muy grande de que Miryam sea liberada.
Por otro lado, según explicaron los presentes, hay una invitación para que Miryam y su familia se muden a Pozo Azul, ya que en el Norte provincial la joven podrá seguir los estudios en otra aldea, algo que -manifestó- tiene ganas de hacer.

Cómo sigue

En cuanto a la continuidad del caso, Rivas destacó que “anteriormente se había decidido el cierre de la instrucción, pero el juez decidió no hacerlo y seguir investigando, que eso también es bueno porque la idea es que se sepa qué pasó y si es que hubo una muerte violenta, que nosotros creemos que no hubo. Pero es importante que la investigación no se cierre sólo en ella”.
La letrada destacó que la decisión judicial es un salto de calidad y valoró lo importante de que “se traten estas cosas que parecen nuevas pero son legales, que son la perspectiva de género y la perspectiva indígena”.
La decisión judicial se conoció después de que el caso tomara relevancia nacional y varios grupos feministas del país dieran a conocer la situación de la joven. Myriam está detenida desde el viernes 1° de febrero, cuando personal policial de la Unidad Regional XIII empezó a investigar la muerte de su beba de cuatro meses.
El hecho llegó a las autoridades tras el aviso efectuado por una profesional de la medicina que visitaba la aldea Pindoity, – de donde es el padre de la bebita fallecida-, ubicada en la zona del paraje Teyú Cuaré. La mujer, que fue convocada por la comunidad, constató que en la aldea había una beba que no registraba signos vitales y dio aviso a la Policía.
Los estudios médicos y forenses determinaron que la beba tenía traumatismos de cráneo y tórax, por lo que la Justicia decidió la detención de los dos padres, quienes por entonces tenían 18 años. Luego se determinó que el padre estaba en otra aldea al momento que habría ocurrido el hecho – uno o días antes- por lo que fue liberado.
Entonces empezó el proceso contra la joven que, según denunciaron desde su defensa, nunca tuvo un intérprete intercultural bilingüe, ni siquiera cuando le notificaron el motivo de su detención. Así, con muchas dificultades para comunicarse, se abstuvo en indagatoria y con el tiempo fue llevada a una cárcel, donde solamente vio una vez a su hijo mayor (4), debido a las complicaciones que tiene su familia para trasladarse a Posadas.
La defensa tiene como principal hipótesis que la muerte de la bebé fue un hecho inevitable debido al frágil estado de salud de la pequeña, que al momento de fallecer pesaba menos que al nacer. En el mismo sentido se expresó Ana María Gorosito Kramer, quien realizó una pericia antropológica.
La hija de Miryam nació de forma prematura en el hospital de San Ignacio y desde allí fue trasladada a neonatología del Hospital Fernando Barreyro, donde ingresó “sin vida, hipotérmico, hipotónico.” Fue revivida, pero sufrió serios daños cerebrales y permaneció internada en la capital provincial durante un mes y medio.
Pasado el tiempo, a pesar de que no tenía reflejos de succión y no podía alimentarse por su cuenta, fue dada de alta y enviada nuevamente a la aldea. Allí, donde se sabe no están dadas las condiciones para su delicado estado de salud ya que no cuentan con electricidad, ni agua potable y viven en pisos de tierra, terminó falleciendo.
(El Territorio – Por Carlos Manuel Cardozo)

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