Cuando Zoe llegó al servicio de neonatología del hospital Eva Perón, tenía dos meses y había sido abandonada. Presentaba un cuadro de hidranencefalia irreversible y estaba sola en el mundo. No podía ver, ni escuchar. No movía los brazos ni las piernas. A Nuria, que trabajaba desde hacía un año en el sector de recién nacidos, la llegada de la bebé le cambió la vida por completo. «Yo sabía que no tenía a nadie que se hiciera cargo de ella. Estuvo dos meses internada. Ya no entraba en la cuna cuando, pese a que habíamos solicitamos que la llevaran a un hogar de tránsito, no había respuesta. Decidí presentarme en el juzgado para convertirme en su mamá y darle una familia«, cuenta Nuria Pérez a TN.com.ar
Quería compensar el abandono que había sufrido y contenerla. Nuria define la adopción como una oportunidad para las dos. «Yo ya era mamá de un chico de 13 años que tuve con una expareja. Hablé con mi hijo del deseo de convertirme en la madre de Zoe. Les mostré fotos y todos en casa estuvieron de acuerdo y prometieron acompañarme en la decisión», explica.

Se presentó en el juzgado para averiguar cómo tenía que hacer y si existía la posibilidad de adoptarla. «Me dieron las instrucciones y me convertí en su hogar de tránsito. Pasaron los primeros meses, Zoe llegó al año y fue un alivio seguir teniéndola entre nosotros. Después, surgieron los miedos de que apareciera un adoptante, hasta que conseguí la guarda con fines de adopción», afirma.
Si no está en casa, los abuelos, o la pareja de Nuria se encargan de que la chiquita esté atendida. «Si bien nosotros no tenemos una buena posición económica, vivo tranquila y estoy refaccionando nuestro hogar. Adaptándola para que ella esté cada día más cómoda».
Mientras espera que se terminen los trámites de la adopción, Nuria cuenta su historia aTN.com.ar porque quiere generar conciencia sobre la adopción de chicos con discapacidad. » Hay muchos niños como Zoe que necesitan un hogar que los contenga y que compense el terrible abandono que sufrieron».
En Tucumán, algunos hablan del milagro del amor. Zoe había sido abandonada, no tenía expectativa de vida y hoy, cuatro años después de haber llegado sola al hospital, es testimonio de el poder de las caricias, del valor de los cuidados y del compromiso de los padres por elección. Del mágico vínculo entre una madre y una hija.
(TN)
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