Fue uno de los casos más aberrantes de la historia criminal reciente de Oberá. A mediados del 2016, Ramón Aquino -entonces de 57 años- fue denunciado por abuso sexual en perjuicio de su propia hija, quien a su vez concibió cinco criaturas de su progenitor.
El acusado fue detenido y meses después el Tribunal Penal Uno lo condenó a 17 años de prisión. Las pruebas y testimonios fueron tan contundentes que Aquino reconoció su culpa en juicio abreviado.
Además del sometimiento sexual, el depravado también abusaba físicamente de todos sus hijos, tal como quedó plasmado en el expediente judicial.
“Fueron años de infierno y llegué a pensar que no había salida. Mi peor temor era que le haga lo mismo a las nenas, por eso saqué coraje para denunciar”, aseguró la víctima.
En diálogo con El Territorio, comentó que luego de la denuncia, desde diversos estamentos del estado comprometieron asistencia, aunque luego la ayuda llegó en cuentagotas.
“En un primer momento vinieron, sacaron fotos y nos prometieron ayuda, pero después nos dejaron solos. Ni siquiera tuvimos psicólogo, porque la primera vez que fui a la Municipalidad no estaba y después no me llamaron más”, aseguró.
Actualmente, la mujer y sus hijos sobreviven en una casilla de machimbre, con enormes rendijas en las paredes, sin cielorraso y retazos de plásticos en varios sectores.La denuncia
El caso salió a la luz gracias al compromiso de una docente que detectó ciertas señales en una de las hijas de la víctima y del acusado. Ya en confianza, la criatura contó lo que pasaba en su casa, lo que activó la investigación judicial y la detención del sujeto.
Luego se determinó que hasta los chicos sabían lo que su abuelo hacía con su mamá.
“Mi papá no me dejaba tener novio, decía que yo era su mujer”, recordó la víctima, al tiempo que mencionó que los abusos comenzaron cuando tenía 12 años.
“Me decía que no tenía que contar a nadie, que era un secreto entre nosotros. Después, cuando fui creciendo, me empezó a amenazar. También me pegaba a mí y a los chicos, y empecé a tener miedo de que abuse de las nenas”, reconoció.
Además del sometimiento sexual, el depravado también abusaba físicamente de todos sus hijos, tal como quedó plasmado en el expediente judicial.
“Fueron años de infierno y llegué a pensar que no había salida. Mi peor temor era que le haga lo mismo a las nenas, por eso saqué coraje para denunciar”, aseguró la víctima.
En diálogo con El Territorio, comentó que luego de la denuncia, desde diversos estamentos del estado comprometieron asistencia, aunque luego la ayuda llegó en cuentagotas.
“En un primer momento vinieron, sacaron fotos y nos prometieron ayuda, pero después nos dejaron solos. Ni siquiera tuvimos psicólogo, porque la primera vez que fui a la Municipalidad no estaba y después no me llamaron más”, aseguró.
Actualmente, la mujer y sus hijos sobreviven en una casilla de machimbre, con enormes rendijas en las paredes, sin cielorraso y retazos de plásticos en varios sectores.La denuncia
El caso salió a la luz gracias al compromiso de una docente que detectó ciertas señales en una de las hijas de la víctima y del acusado. Ya en confianza, la criatura contó lo que pasaba en su casa, lo que activó la investigación judicial y la detención del sujeto.
Luego se determinó que hasta los chicos sabían lo que su abuelo hacía con su mamá.
“Mi papá no me dejaba tener novio, decía que yo era su mujer”, recordó la víctima, al tiempo que mencionó que los abusos comenzaron cuando tenía 12 años.
“Me decía que no tenía que contar a nadie, que era un secreto entre nosotros. Después, cuando fui creciendo, me empezó a amenazar. También me pegaba a mí y a los chicos, y empecé a tener miedo de que abuse de las nenas”, reconoció.
Radio La Cueva Am 1580 – 25 de mayo Misiones